Periodista desde la cuna

Está claro: es más sencillo hablar sobre cualquier tema que sobre uno mismo.  Aun así voy a hacer el esfuerzo, porque es el primer post que comparto en Tribuna y creo que es una buena forma de empezar una relación entre escritor y lector. Así que aquí me encuentro, ante la fobia del folio en blanco, sin saber muy bien qué decir, pero sí qué contar; que parece lo mismo, pero no lo es.

Contaré que soy periodista, de las de vocación férrea y duradera. De las que una Navidad, con 14 años, le regalan un pequeño transistor (para las nuevas generaciones: los predecesores del IPod y similares). De las que empieza a esconderlo entre las sábanas para escuchar los programas deportivos nocturnos. De las que tiene que taparse la cara con la almohada para ahogar una carcajada por un comentario jocoso del locutor de turno. De las que decide entonces que esa debe ser su vida: contar historias a los demás para que puedan disfrutar con ellas y estar al tanto de lo que ocurre a su alrededor. De las que se ilusiona más por ir a ver en directo cómo realizan “El Larguero” que por acudir a un concierto de Take That (y con esto me acabo de echar años encima).

De las que empieza a construir su sueño en la Facultad de Ciencias de la Información, antes de que la cambiasen el nombre a la de Comunicación. De las que, en vez de tener a Bradley Cooper o George Clooney decorando su carpeta, lleva en ella una foto firmada de Paco González y otras dos de Gabilondo y Luis del Olmo. De las que, entre las ranas salmantinas de la sabiduría, comprueba que no se equivocó de profesión, pues disfruta con cada cosa que aprende sobre ella. De las que pasa cada verano entre micrófonos azules en vez de sumergirse en aguas azules. De las que descubrirá que jamás cambiaría nada de aquellos veranos, ni por todas las playas del mundo.  De las que, tras cuatro intensos años, consigue terminar su formación y encontrar trabajo de lo que había soñado. De las que llevan dedicándose a lo que les gusta más de 13 años, pero, lejos de supersticiones, se siente muy afortunada por ello. De las que, en sus ratos libres, pone en marcha un blog con una buena amiga para reflexionar juntas sobre comunicación. De las que no se pone límites y sigue escribiendo, ahora en este periódico digital.

Así soy, y así me siento. Una periodista. Sin más. Con todo lo que ello conlleva. Apasionada por una profesión tan intensa como absorbente. Incapaz de desconectar ni un solo segundo. Y, sobre todo, convencida de que estamos viviendo una de las revoluciones más importantes de la Historia. Y es que, con los ingentes avances tecnológicos que estamos viviendo, están cambiando las formas de interacción con nuestros semejantes. El boom de las redes sociales, la magia de la mensajería instantánea, la omnipresencia del Smartphone … Todos ellos están generando una nueva conducta  social basada en la interconexión, lo cual propicia también cambios en los medios de comunicación tradicionales, que se adaptan a los cambios para lograr su supervivencia.
De todo ello  hablaré cada semana en este espacio, para tratar de hacerte llegar un poquito de mi pasión y que reflexionemos juntos sobre esta revolución de la que somos protagonistas: la revolución de la comunicación.

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