(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Esta semana he leído en una revista especializada que la nueva epidemia del mundo laboral es la infobesidad. Confieso que jamás había escuchado este término. Pero, tras indagar un poco, he descubierto que efectivamente es una patología derivada del exceso de interconexión y de medios que tenemos a nuestro alcance, lo cual nos genera una sobrecarga de información. Hablando en Román paladino: que tantos datos nos saturan y nos ‘aturullan’.

Porque antes, cuando querías ampliar tus conocimientos sobre un tema, o bien buscabas en una enciclopedia, o escuchabas un telediario, o intercambiabas opiniones con gente experta en esa cuestión. Sin embargo, hoy en día nos estamos convirtiendo en unos verdaderos adictos a la información. Donde quiera que vayamos vemos gente ensimismada con sus dispositivos electrónicos consultando el correo, el WhatsApp o sus redes sociales. Monitorizamos nuestras horas de sueño, las calorías que ingerimos, llevamos alertas de nuestros temas favoritos, y casi no concebimos despertarnos sin tener el móvil en la mano para echar un vistazo a las últimas horas de nuestro timeline de Twitter. ¿Aprovechas cualquier momento libre en el trabajo para echar un vistazo a tu móvil personal y ver si tienes algo nuevo? ¿Llevas instaladas aplicaciones como Evernote o Pocket para guardar contenido que puedas leer más tarde? ¿Borras compulsivamente tus propias alertas de Google porque no tienes tiempo para ellas? Lo confieso: yo también soy de ese grupo de gente.

Volviendo al término que nos atañe, la infobesidad (llamada también infoxicación – intoxicación de información) es una patología que puso de relieve hace unos años Christophe Aguiton. Este investigador francés alertaba de la paradoja que supone la sensación de estar inmerso en la información y no tener tiempo para leer todo, verlo todo y oírlo todo, en un momento en el que se presume que toda esta tecnología tendría que servir para ahorrarnos tiempo. En su día esta definición tuvo su origen en la multitud de correos electrónicos que cada jornada inunda nuestras vidas; sin embargo, no se trata de la falta de tiempo que tenemos para dar salida y respuesta a cada uno de ellos, sino el tiempo que perdemos en decidir  si el mensaje que recibimos es o no es de utilidad. En toda esa ingente cantidad de mensajes no sólo encontramos correos importantes, sino también alertas de Google, notificaciones continuas de nuestras redes sociales, newsletters, facturas y correo spam que nos distrae y consume nuestro tiempo. Un exceso de información perjudicial. Si a esto le sumamos los millones de APP que existen para nuestros dispositivos móviles, así como el número de éstos que utilizamos en nuestro día a día, nos encontramos frente a frente con una red sobresaturada, repleta de información que no siempre es útil o está incompleta, y mucha, mucha y publicidad molesta e inservible.

¿Cómo termina todo esto por afectarnos? La infobesidad perjudica principalmente a nuestra rutina laboral, pero también a nuestra vida personal. Cada vez se tarda más en gestionar nuestras cuentas (ya sea el correo electrónico, las redes sociales o cualquier otra aplicación), se dedica menos tiempo a interrelacionarse con los compañeros, y parece que importan más los datos que los clientes, compañeros de trabajo, amigos y familiares cercanos a nosotros. Las empresas son quienes mayores problemas tienen para encontrar la información que les es necesaria entre tantos millones de datos. En esta situación, la búsqueda de informaciones específicas se vuelve muy dificultosa, y la posterior clasificación de la información conlleva mucho trabajo.

¿Qué hacer entonces? Dado que hablamos de infobesidad, yo te propongo una “dieta de información”, con la que, además de adelgazar en contenidos, conseguirás estar más ágil, menos dependiente y libre de estrés. Es tan sencillo como dedicar un poco de tiempo a decidir qué es lo realmente importante para nuestra rutina diaria, qué información merece nuestra atención, y seleccionar unas pocas aplicaciones y el contenido que se adecúa a esos intereses concretos, desechando todo lo demás que sólo aporta “calorías vacías”, digo información vacía. Ahora que todo el mundo empieza con sus propósitos de Año Nuevo, ¿te apuntas a esta peculiar “operación bikini de contenidos”?

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