¿Por qué los niños no leen?

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Esta semana he tenido una conversación muy reveladora con mi princesa mayor. La pobre estaba preocupada porque no iba a poder terminar un libro a tiempo para una presentación que tenía que hacer en el cole. Su cara de agobio por la situación lo decía todo. Mi primera reacción, instintiva, fue la de infundir tranquilidad y darle ánimos para que consiguiera su objetivo. Sin embargo, minutos después, volví a hablar con ella para que se preguntara cuál es el verdadero objetivo de esa tarea que le habían encargado: “de nada te sirve leer y leer durante días, si no disfrutas con la historia que te cuenta el libro”.

Disfrutar leyendo. Es un reto difícil a día de hoy para los más pequeños. Ellos están acostumbrados a un tipo de ocio completamente distinto, protagonizado por pantallas y estímulos visuales que desconectan el cerebro. La lectura se ha desterrado de su tiempo libre, convirtiéndose en una tarea escolar más, pues lo asocian con el esfuerzo académico en vez de con el disfrute y la distracción. Los estudios aparecidos en los últimos días corroboran estos datos, y no solo para los niños: el 37,8% de los españoles no ha leído un libro en el último año. Sorprendente.

Quienes reniegan de los libros, quizá por desidia o aburrimiento, no son conscientes de todos los beneficios que se dejan por el camino. Merece la pena “perder el tiempo” con los niños leyéndoles y contándoles historias, porque los efectos pueden ser muy positivos. Leer ayuda a que los niños estimulen su imaginación y su creatividad, hace que sientan más interés por las cosas que les rodean y, por tanto, aumenta su cultura. Fomentar la lectura conseguirá que nuestro hijo mejore su rendimiento en el colegio y aprenda a expresar con mayor exactitud lo que piensa y lo que siente, mientras desarrolla su memoria y su concentración. Ni qué decir tiene que la lectura es básica para mejorar y enriquecer el vocabulario, así como permite desarrollar una buena agilidad mental. Y nos hace disfrutar, ¡y mucho! ¿Que un videojuego es más entretenido? Quizá lo sea en los primeros instantes, pero ¿realmente llega a enganchar tanto como una buena historia, de esas que no puedes dejar de leer capítulo tras capítulo?

Entonces, ¿por qué los niños no leen, o sólo se limitan a lo que les mandan en el colegio por obligación? Quizá la respuesta la encontremos más cerca de lo que imaginamos. Recuerda que los niños aprenden por imitación. Piensa por un instante en tus propios hábitos como padre: ¿hay libros en tu casa?, ¿sueles leer delante de tu hijo?, ¿o más bien pasas tu tiempo libre enganchado al móvil o la tablet? Para ellos eres un referente, por lo que realizarán las mismas acciones que tú hagas al considerarlas como adecuadas.

Si lo que queremos es corregir esos hábitos, empecemos por leer unas cuantas páginas antes de acostarse. Con el libro que el niño elija, adecuado para su edad. No importa que a ti te parezca absurda la historia: lo importante es que le guste a él, que disfrute, que le enganche. Y, si además está acompañado, mucho mejor. Mi princesa mayor lo hace desde pequeñita con su padre, cada noche, y puedo asegurar que es un momento muy especial el que comparten entre los dos. En ese momento de relación, es el padre (o la madre) quien se encarga de maravillar a su hijo con el libro y de descubrirle el mundo sorprendente que guarda entre sus páginas. Esos momentos de lectura son muy gratificantes, porque, además, están envueltos en afectividad.

Es bueno empezar desde pequeñitos, para que desarrollen el gusto por la lectura como algo habitual. Con la princesa pequeña empezamos hace tiempo y, como no sabe leer, soy yo misma quien le cuenta un cuento. Y compruebo feliz cómo ha convertido en uno de sus juegos favoritos el sentarse frente a sus muñecos, libro en mano, para contarles ella misma el cuento (por supuesto, inventando todo sobre la marcha). Con esto no quiero decir que mis hijas prefieran los libros a las pantallas, ¡ni mucho menos!, pues, como buenas ‘milenials’ que son, nada les gusta más que “pelearse” con Mario y Luigi en la WII. Pero saben que eso tiene su tiempo, igual que la lectura tiene el suyo. Normalizando lo que no debería de haber dejado nunca de ser normal.

Así pues, queridos padres, tenemos una importante y preciosa tarea por delante. Como hacemos en otras facetas de la vida, ayudemos a nuestros hijos a adquirir el hábito de la lectura, enseñémosles a descubrir cómo saborear un buen libro, que no lo vean como una simple obligación. Solamente la lectura como placer acabará produciendo beneficios. ¿El mejor de todos? La satisfacción y el disfrute personal.

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