Periodismo y redes sociales: una provechosa alianza

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

En estos días se están celebrando en Ávila unas interesantes Jornadas sobre Medios de Comunicación para analizar la situación actual por la que está pasando el sector en un momento crítico de transformación digital. Quiero agradecer a la Asociación de Periodistas esta iniciativa, pues no nos viene mal de vez en cuando reflexionar sobre nuestra profesión para poder dar pasos seguros hacia el futuro.

Tuve la suerte de participar como ponente en la primera de las mesas redondas, llamada “Los nuevos medios de comunicación  al servicio de la información”. Quizá el título pueda causarnos algo de confusión, pues no se habló exactamente de nuevos medios, sino de cómo las aplicaciones nacidas de las nuevas tecnologías estaban afectando a la manera de contar las noticias. Porque (y en esto coincido con la presidenta nacional de FAPE), las redes sociales son muy interesantes para el periodista en cuanto herramientas, pero no son periodismo per se.

Las redes sociales nacen de la inherente necesidad que tiene el ser humano por comunicarse y relacionarse con sus semejantes. Cuando Zuckeberg puso en marcha Facebook nunca pensó en él como un nuevo medio de información, sino más bien en una posibilidad de poder interactuar con personas afines a nuestros intereses: tejer una verdadera red de contactos. Bien es cierto que, con el paso de los años, y sobre todo con el surgimiento de las páginas de empresa, las redes también se han convertido en un instrumento para compartir información y noticias con esos contactos. Tengo que confesar que, desde hace tiempo, lo último que hago al acostarme y lo primero que hago al levantarme es echar un vistazo rápido por mi timeline de Twitter, ver qué se cuece, sobre qué asuntos de última hora se está hablando; es mi manera de intentar estar constantemente pegada a la actualidad.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que las inmensas posibilidades que ofrecen las redes sociales (inmediatez, rapidez, capacidad de viralización) están cambiando los modos de hacer periodismo y, por ende, de la configuración de los propios medios de comunicación. Ya no podemos concebir un periódico que no informe de un evento en directo a través de su cuenta de Twitter; no entendemos una radio sin una conexión en streaming, ni una televisión que no suba parte de su contenido a YouTube. Por eso, el periodista del siglo XXI no puede quedarse anclado en un pasado romántico de la profesión: tiene que tender a ser un profesional multimedia, capaz de desarrollar su profesión en los diferentes entornos comunicativos que hoy ofrece la técnica. Y un medio de comunicación no puede prescindir de estas herramientas, pues correría peligro de ser obviado. No creo que nosotros veamos desaparecer los periódicos impresos, los reproductores de audio o las televisiones; pero estos canales tradicionales, si quieren pervivir en el tiempo, deberán compaginarse armónicamente con dispositivos móviles, perfiles sociales y presencia on line.

Ahora bien, el hecho de que un periodista o un medio empiece a volcar sus esfuerzos en una mayor comunicación social a través de las redes no quiere decir que se dejen en el olvido los principios básicos de la profesión para garantizar un verdadero proceso comunicativo. Ahora, más que nunca, es tiempo de reivindicar una profesión, en ocasiones tan injustamente vapuleada y menospreciada. Los criterios informativos a la hora de escribir sobre un hecho, el haber contrastado una información, el respeto a la ética y la deontología periodística: todos ellos deben seguir siendo esenciales para comunicar a través de la red. Si no es así, pondremos en peligro la credibilidad del medio o del profesional que informa. Por eso, es bueno que nosotros, como usuarios y consumidores de información, tengamos la suficiente conciencia crítica para, si queremos hacer una primera aproximación a la actualidad del día a través de lo que se publica en redes, sepamos escoger aquellos usuarios (medios o personas concretas) que nos ofrezcan ciertas garantías de profesionalidad. Porque no es lo mismo estar al tanto de un atentado por un señor que pasaba por allí y decide contar una visión muy sesgada en su cuenta de Twitter (que además puede generar caos y confusión con sus palabras), que hacerlo a través de la cuenta de un medio concreto, al que se le presupone cierta responsabilidad en sus informaciones.

El mundo está en constante cambio. El periodismo, también. Por eso, los medios deben darse prisa en completar este salto hacia la comunicación social, hacia la vida multimedia, si no quieren perder el tren de las nuevas tecnologías de la información. Eso sí, sin perder de vista que esas tecnologías no suponen la aparición de nuevos medios, sino simplemente de unas nuevas formas de hacer información. Y teniendo siempre presentes que, en todo proceso comunicativo, nuestro objetivo siempre ha de ser el camino hacia esa verdad que nos hace verdaderamente libres.

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