De Misas y televisiones

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

“- España es un Estado jedi.

– ¿Ah, sí? ¿Dónde lo pone?

– Ahí, en el mismo párrafo que dice que es un Estado laico”

Es un chascarrillo que publicaba hace unos meses mi buen amigo Txomin para hablar de laicismo, laicidad y aconfesionalidad. Tres términos similares, pero con matices bien distintos. Una gracieta que sirve para ilustrar el pretendido debate que ha querido poner sobre la mesa los amigos de Podemos, acerca de la conveniencia de suprimir las Misas en TVE.

Suprimir las Misas. Porque, dice Iglesias, “nuestro país es un Estado laico”. Ya siento contradecirle. Nada más fácil que leer los primero párrafos de la Constitución para darse cuenta del error. Más bien somos un Estado aconfesional, en el que ninguna confesión tiene carácter estatal. No es lo mismo. Yo sé que le gustaría que España fuese un Estado laico, señor Iglesias. Mucho mejor si fuese plenamente laicista, ¿verdad? Pero la realidad es que, a día de hoy, con la ley en la mano, no lo es. Ni lo uno, ni lo otro.

Suprimir las Misas en televisión, quieren. La liturgia católica. Del resto de espacios religiosos, ni mú. Porque sí, también se emiten en La 2 cada domingo programas de las confesiones judía, musulmana, protestante. Incluso podrían emitir sus ritos, si así lo propusieran, pues es potestad de cada confesión decidir los contenidos que ellos mismos sacan en antena. Que las Misas televisadas en una cadena pública no son un privilegio de la Iglesia católica es un hecho penamente constatable. ¿Que sus espacios cuentan con más duración que otras confesiones? Cierto, pues se valora según el porcentaje de implantación de cada credo en el país. ¿Dónde está el problema?

Ellos, los de Podemos, aducen que estos espacios incitan al odio, que emiten “pensamientos propios de la Edad Media”. Evidentemente, son opiniones de quienes no han ido a Misa desde hace mucho, ni saben lo que en ella se puede decir o hacer. ¿O quizá la señorita Montero o el señor Echenique son parte de ese porcentaje respetable de audiencia que conectan el domingo con “El Día del Señor”? Porque, para emitir ciertos juicios, algo habrán tenido que escuchar de primera mano. ¿O no? Hablar de oídas es dañino e injusto. Y falta a la verdad.

Y no entienden lo que significa el servicio público que una televisión como TVE puede y debe hacer. Una televisión que está al servicio de todos los españoles. De todos. Sin excepción. De los de izquierdas y de los de derechas. De los ateos, pero también de los católicos. De los que van a Misa, y de los que no van, pero también de los que no pueden ir por enfermedad. La Misa televisada no es un programa al uso, un “reality de la fe”: no sólo se ve, sino se participa en ella, formando parte de una gran familia común. Y, aquellos católicos que, por lo que sea, no puedan acercarse a una iglesia, tienen derecho a disponer de ello. También por un canal público.

Televisión Española tiene dos canales generalistas con una clara vocación de servicio. Es una televisión que pagamos todos los españoles. Y no hay que olvidar, amigos de Podemos, que los católicos también pagamos religiosamente nuestros impuestos (nunca mejor dicho).

Y ojo, pues si es un problema de distribución de impuestos públicos, deberíamos someter a votación popular todo aquello que quieren los contribuyentes que se financie o no con su dinero. Quizá no quieran las Misas televisadas, podría ser. Pero más de uno se podría llevar un cierto sustillo con otras partidas que a muchos no nos gustan que se lleven a cabo con nuestros impuestos. La diferencia es que algunos entendemos que en democracia debe haber cesiones y concesiones por el bien común, el bien social, aunque no estemos de acuerdo.

Si no es una cuestión de audiencia, si no es una cuestión de privilegios, ¿por qué quieren defenestrar uno de los programas más antiguos de TVE? Quizá el interés no esté realmente en salvaguardar la identidad y la pluralidad de la televisión pública (que no estatal). Quizá los que claman por evitar supuestos contenidos de odio lo que consiguen es despertar soterrados enfrentamientos ‘guerracivilistas’, anticlericales, ‘quemacuras’. No creo que esto sea la cultura de la bondad que quieren, supuestamente, promover.

Por eso, más allá de diatribas sobre lo que debe o no emitir la televisión de todos los españoles (de todos, sin excepción), seamos un tanto críticos para saber discernir la ideología, los planteamientos y las intencionalidades que subyacen detrás de una propuesta que, sinceramente, no creo que sea la mayor preocupación existente en nuestro país en este momento. Y, mientras tanto, para los que no comulgan ni en Misa ni con la Misa, les recomiendo poner en práctica el ejercicio más democrático de todos: el del mando a distancia. Prueben a cambiar de canal los domingos por la mañana. Pero déjennos al resto que podamos seguir practicando nuestras creencias de forma libre. Respeto, lo llaman.

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