(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Internet en general, y las redes sociales en particular, se han convertido en el espejo de un pseudo-intelectualismo pretendido y pomposo. Queremos parecer más listos, más reflexivos, más inteligentes. Y a veces conseguimos justo el efecto contrario. Por eso, desde hace algún tiempo, nuestro muro de Facebook y nuestro timeline de Twitter se inundan de imágenes de supuestas citas célebres. ¿Quién no ha sentido alguna vez las irreflenables ganas de estrangular a Coelho cada vez que aparece en nuestra pantalla con alguna de sus frasecitas?

Así funciona este fenómeno: una imagen de un personaje reconocible junto a una frase potente está avocada a convertirse en viral. Lo malo de esta moda es que no siempre aquello que nos muestran es verdadero. Pero, querido amigo, qué más nos da si la cita es cierta o no: yo la comparto y listo, que queda muy bien. Es bueno recordar que, por mucho que se repita una mentira, no se va a convertir en una verdad; por tanto, aunque hayamos escuchado mil veces aquello de que “todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”, siento comunicaros que Einstein nunca jamás hizo esta afirmación.

Entonces, ¿cómo enfrentarnos a la realidad de las citas célebres? Si nos tomamos algo de tiempo y, sobre todo, generamos una actitud crítica ante los contenidos que compartimos, es relativamente sencillo. Veamos:

1.- Las citas falsas siempre parecen verdaderas. Son rotundas, suenan bien, hacen pensar, y las ha dicho alguien con un peso moral importante, ¿Qué más pruebas necesitamos? Un poco de suspicacia, nada más.

2.- Se repiten hasta la saciedad. Tanto,  que tienen que ser ciertas a la fuerza. Se imprimen en camisetas, se ponen como estados del Whastapp,… Pero, ¿te has preguntado si realmente fueron dichas por sus personajes? En este blog de Atresmedia analizan las 10 citas más famosas que nunca fueron pronunciadas por sus protagonistas. ¿Te sorprende la del Ché Guevara? A mí también.

3.- Suelen relacionarse con personajes a los que todo el mundo admira. Y, cuanto más peso en la Historia tenga el personaje, más “creíble” es la información. Aquí ganan por goleada las citas de Lincoln, Voltaire y Sócrates. ¿Es capaz el humano corriente de discutir la veracidad de una frase contundente que aparece junto al retrato de estos referentes morales?

4.- La muerte mitifica. Hasta el punto de inundar la red con mensajes del finado en cuestión, que engrandecen su figura, pero que en muchas ocasiones jamás había dicho. Esto ocurría al fallecer Nelson Mandela. Incluso cuando murió Margaret Thatcher, algunos usuarios de Twitter denunciaron que algunos medios estaban publicando como verdaderas algunas frases que la dama de hierro jamás pronunció. Y es que como vaticinó Philip Seymour Hoffman: “Cuando muera, llenad Internet de fotos mías en blanco y negro junto a frases que yo no he dicho en mi p… vida” (no busques su veracidad y fíate de mí, que sí que es cierta).

5.- Pero hay un personaje vivo que se lleva la palma: el Papa Francisco. Se cuentan por cientas las frases que se comparten del Papa que jamás han salido de su boca. Y es que hasta los medios oficiales del Vaticano han tenido que pronunciarse al respecto, pidiendo prudencia a la hora de compartir esas “frases dulzonas” del Papa: ¿te acuerdas de aquel que decía “Navidad eres tú”?

6.- Podemos conocer su veracidad con un poco de paciencia. Lo más sencillo: busca la frase entera en Google entre comillas, y te llevará a su fuente original. Pero, si quieres ir más allá, hay webs especializadas en frases célebres. La más conocida es Wikiquotes, que lleva más de once años recopilando, traduciendo y debatiendo citas famosas y proverbios en todos los idiomas, configurando una de las bases de datos más completas y fiables. Hay también páginas que se dedican a desenmascarar falsedades en las citas de gente famosa, como QuoteInvestigator.

7.- Y, sobre todo, no compartas mecánicamente, como un autómata. No contribuyas a generar la gran mentira, y además estarás beneficiando a otra persona que simplemente quiere tráfico para su página o sólo busca llamar la atención. Antes de darle al botón, para y piensa si merece la pena.

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