El niño que mordió a un perro

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

“Niño muerde a perro, esa es la noticia”. Frase mítica que te sueltan en la Facultad de Periodismo nada más llegar para demostrarte que lo que vende es lo que se sale de lo común, lo raro, lo extravagante, lo morboso. Porque, lo contrario, el hecho de que un perro muerda a un niño, no tiene ‘ni chicha ni limoná’, no interesa, no engancha.

Son criterios periodísticos para entender cómo se construyen las informaciones y por qué éstas tienen cada vez un toque más oscuro casi negro. Al hilo de mi artículo de la semana pasada, varias personas me escribían por Twitter diciéndome que no podía proponer que los medios hablasen de “buenas noticias” cuando estamos viviendo en un mundo sumido en el odio, el miedo, los prejuicios, la violencia. Y sí, tengo que darles la razón. En parte. Porque efectivamente la prensa existe para ser reflejo de la sociedad, y si esta se encuentra podrida, es normal que la prensa refleje esa podredumbre. La cuestión es: ¿debemos conformarnos con ello?, ¿debemos caer en esa depresión informativa?

Bien, es cierto que las buenas noticias no consiguen encaramarse fácilmente hasta los titulares. No venden lo suficiente. No son “niños que muerden a perros”. Suelen llamar más la atención las muertes que los nacimientos, los asesinatos que las acciones solidarias, los fracasos que los éxitos.

Ahora bien, sin espíritu positivo es difícil tener fuerzas para cambiar lo que no funciona. Durante mucho tiempo, el periodismo se ha especializado en cubrir conflictos, tanto a escala mundial como cotidianos, llegando incluso a promover la figura del corresponsal de guerra como experto en temas de este calibre. ¿Por qué no revertir esto? ¿Por qué no ser corresponsales de la paz? El periodista que realmente considere su trabajo como una oportunidad para mejorar el mundo en el que vive tiene la obligación de bucear constantemente en la actualidad para encontrar aquellas informaciones que fomenten la concordia y la armonía, dando luz a aquellas realidades más luminosas pero poco mediáticas, construyendo así un discurso integrador.

Rompamos la dinámica del “good news, no news”. Normalmente destacamos y señalamos con el dedo a los políticos corruptos. ¿Por qué no hablamos del concejal que se dedica de forma honrada a su ciudad, convencido de su función de servicio público? Criticamos mucho a los autónomos que cobran en negro, pero ¿por qué no hablamos de todos aquellos que se levantan cada día para mantener su pequeño negocio, con miles de dificultades, y sin defraudar un euro? Habrá quien me diga que eso debería ser lo normal, que no es noticia. Puede. Pero se trata de elevar lo más ordinario a la categoría de extraordinario, para que así, quizá algún día, lo extraño, curioso y poco noticiable sean precisamente esos comportamientos reprobables.

Y es que detrás de muchas informaciones hay detalles, aspectos, que nos pueden pasar desapercibidos, pero que son dignos de compartir. Hechos aislados que, cuando juntamos unos y otros, nos devuelven la esperanza en una realidad mejor, como una brisa en medio de tanta tormenta. Tan sólo un ejemplo reciente. Cuando medio mundo está hablando horrorizado de “guerra de religiones”, equiparando el Islam al terrorismo, confrontado ideologías y creencias, resulta que nos enteramos de que Monseñor Aguirre, un obispo, cristiano, en África Central, se convirtió en escudo humano para defender la vida de varios musulmanes; y resulta que, justo al inicio del Ramadán, se publica un vídeo viral en el que los propios musulmanes rechazan la yihad terrorista emprendida por los asesinos extremistas, y reniegan de la violencia y del terror. Si ninguna de las dos noticias te suena, es porque apenas han tenido el suficiente eco en los medios de comunicación. Pero ¿no me digas que no merece la pena conocerlas, compartirlas? Quizá con ellas puedas cambiar tu percepción de esta realidad tan dura que estamos padeciendo. Es más lo que nos une que lo que nos separa. Piénsalo.

Tenemos mucha tarea por delante en ese sentido. El mundo, la forma de hacer periodismo, no se puede cambiar en un día. Pero, como dice mi buen amigo Txomin, “tenemos que dejarnos el pellejo en buscar noticias como éstas … y difundir las que hayan encontrado otros. Porque pudiera ser que esté también dejando de ser noticia que los seres humanos se comporten como seres humanos”.

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