Publicado en Comunicación on line, Facebook, Instagram, Internet, Niños y jóvenes, Twitter, WhatsApp

Niños, sexo y redes sociales

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

La ha vuelto a liar. Fiel a su estilo, el juez de menores Emilio Calatayud ha hecho correr ríos de tinta en estas últimas horas debido a sus declaraciones en una tertulia de TVE.

A propósito de los peligros de las redes sociales entre los jóvenes, el magistrado no tuvo reparos en sentenciar que “actualmente las niñas se hacen fotos como putas”. Y claro, se armó el belén.

Es cierto que la frase es, cuando menos, desafortunada, más propia de exabrupto de charla de bar. El mismo juez ha reconocido que suele utilizar estas duras palabras con el fin de intentar provocar una reacción de los padres “para que protejan a los menores de sí mismos”. Y así es. Sinceramente, yo estoy más escandalizada por la realidad que se esconde tras el contenido de su mensaje que por el lenguaje que utiliza: niños pequeños que cuelgan fotos tremendamente provocativas en las redes sociales sin darse cuenta de las consecuencias de su acción. Como explica Calatayud, “después de las fotos, pueden venir los acosos, los abusos y las violaciones. Y, de hecho, pasa con más frecuencia de la que nos imaginamos”.

Bien, no vamos a exonerar de culpa al delincuente sexual basándonos en un supuesto mal comportamiento previo de la víctima, porque estaríamos legitimando sus acciones. Nada más lejos de mi intención. Pero sí que hay algo muy cierto tras las palabras del polémico juez. Estamos asistiendo a una descarada sexualización comunicativa que envuelve la vida cotidiana. Y eso es un peligro. Cuando hasta para anunciar un quitagrasas se recurre a imágenes de un revolcón en la cocina, algo está fallando. El sexo es omnipresente. También en la red.

Muchos jóvenes (cada vez con edades más tempranas) han cogido la costumbre de hacerse fotos con miradas insinuantes, morritos picantes y poses provocativas, cargadas de contenido altamente sensual. Con toda la dosis de inocencia que se presupone a un niño, estas imágenes no buscan la excitación del interlocutor, sino algo mucho más sencillo: su aceptación social. Sin más. Con tal de ganar popularidad, el chico o la chica trata de responder a lo que cree que es deseable entre la juventud, exponiendo su cuerpo como si se tratara de un mercado de carne barata, tratando así de llamar su atención. Cuanto más sexi sea su imagen, intuyen que más engancharán a sus amigos. Todo por un ‘like’.

Al final, los adolescentes acaban mostrándose en la Red como un mero objeto sexual, porque consideran que es lo que se espera de ellos. Creen que así serán mejor aceptados, mejor valorados. Y no dudan en copiar las poses de modelos e ‘influencers’, con las que creen que podrán gustar más. Para ellos, eso es lo deseable. Inevitablemente acaban asociando atractivo con deseo y sexo, como si fueran realidades únicas e indisolubles. Y no les culpo, porque a fin de cuentas es lo que han visto desde pequeños.

Por eso, es hoy más que nunca necesaria una educación digital, no sólo de nuestros hijos, sino sobre todo de los padres. Nosotros, progenitores, deberíamos estar más alerta que nunca ante la imagen que proyectan nuestros vástagos en las redes sociales. Cuidar el uso que hacen de ella, hacerles tener el control de lo que publican, y explicarles que no hay necesidad de mostrarse tan sensual para ganar amigos, es primordial si queremos sanar una sociedad hipersexualizada. Tener hijos es la mayor responsabilidad que tendremos jamás, pero también el mayor reto de nuestra vida. Debemos estar preparados.

Anuncios
Publicado en Comunicación on line, Facebook, Iglesia, Instagram, Internet, Lenguaje, Nuevas Tecnologías, Twitter, Youtube

Francisco. El Papa 2.0

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Soy muy fan de este Papa. Y la razón es obvia: sabe comunicar. Si hay algo que le  caracterice es su capacidad para llegar a la gente, para hacer su mensaje fácil y accesible a todo el mundo. Tanto, que incluso los más alejados de la vida de la Iglesia suelen hacerse eco de sus discursos. Desde el mismo día de su elección, Bergoglio supo respaldar sus palabras con acciones. Es un gran y potente comunicador.

Y el Papa, que es muy sabio, sabe aprovechar como nadie las nuevas potencialidades que brindan las nuevas tecnologías. Cabalgando al ritmo de los tiempos, el Pontífice está on line, potenciando su presencia en las redes sociales hasta el punto de haberse convertido en “un auténtico fenómeno mediático”, como le ha calificado la revista Forbes. Veamos por qué.

TWITTER

Si bien es cierto que la cuenta de Twitter la heredó de su antecesor Benedicto XVI, el llamado “efecto Francisco” ha logrado batir récords. Su primer tuit hizo que @Pontifex llegara a sumar hasta 10.000 seguidores a la hora. Y, desde entonces, no ha hecho más que crecer hasta sobrepasar los 12 millones de seguidores. Tiene 9 cuentas en 9 idiomas, incluido en latín (la cuenta en español supera con creces los 13 millones y medio de followers) y sus mensajes se llegan a retuitear hasta 40.000 veces.

No en vano, nos encontramos ante el usuario de Twitter con más influencia en la red de microbloging, con más de 10.000 retuits por cada mensaje solo en su cuenta en español. Según se ha señalado en varios estudios, el Papa es el líder internacional más influyente en Twitter, por delante incluso de Donald Trump, que aunque tiene más seguidores, sus mensajes no son tan retuiteados como los del Papa Francisco.

Quienes más comparten sus mensajes son los jóvenes. Lógico, si tenemos en cuenta que son quienes más utilizan esta red social. Especialmente significativos han sido los tuits que publica el Pontífice tras aparecer una nueva Encíclica, desgranando poco a poco, en tan solo 140 caracteres, lo esencial de su mensaje. Así lo hizo, por ejemplo con “Laudato Si”, cuyos tuits fueron muy comentados incluso por tuiteros del mundo de la política.

INSTAGRAM

“Rezad por mí”. Con este simple mensaje publicado en 9 idiomas distintos, que recordaba lo que dijo en sus primeras declaraciones tras asumir el Papado en 2013, y acompañado de una foto arrodillado mientras oraba, inauguraba el Papa su cuenta de Instagram, la red social de fotos por excelencia. El día de su puesta de largo, el Prefecto de la Secretaría de las Comunicaciones de la Santa Sede, Darío Viganó, explicaba que la intención de esta nueva presencia mediática era “ayudar a contar el pontificado a través de imágenes. La intención es darle prioridad a los detalles, a esos aspectos que transmiten el mensaje de cercanía e inclusión que cada día Francisco tiene para con los demás”. En sus primeros pasos estuvo acompañado del propio fundador de la red social, Kevin Systrom, quien se mostraba gratamente sorprendido: “ver al papa Francisco publicar hoy su primera foto en Instagram fue un momento increíble. ¡Francisco, bienvenido a la comunidad de Instagram! Tu mensaje de humildad, compasión y misericordia dejará una marca duradera”.

De nuevo, el “efecto Francisco” llegó como un huracán. Sólo veinte minutos después de su lanzamiento ya contaba con 10.000 seguidores. Tras publicar la primera imagen fue capaz de sumar más de 55.000 seguidores. En menos de 12 horas consiguió un millón más. Algo que a David Beckham le costó 24 horas (por poner un ejemplo de alguien muy influyente en esto de las redes). A día de hoy llega a los cuatro millones y medio de seguidores. Entre las imágenes que publica se incluyen también simpáticos videos con familias y niños. Pero, sobre todo, muchos gestos de cercanía y misericordia del Papa. El poder de la imagen completa a la fuerza de la palabra. Un gran acierto.

YOUTUBE

Sí, el Papa también es ‘youtuber’. Bueno, no es que se ponga en su habitación de Santa Marta a grabarse con una webcam. Desde hace un tiempo, el canal “El video del Papa” muestra cada mes un video que difunde las intenciones mensuales de oración del Pontífice sobre muy diversos temas: la familia, los agricultores, los artistas, los refugiados,… Es una iniciativa que de momento está funcionando a la perfección, por su calidad, su esmero y la belleza de sus imágenes, acompañadas de la voz y presencia del propio Papa.

OTROS MEDIOS

Hay una anécdota que ilustra a la perfección la relación del Santo Padre con esta nueva presencia mediática y nuevas formas de comunicarse. A bordo de un vuelo papal, una periodista de la agencia Efe le preguntó qué pensaba de los selfies, el Papa soltó una gran carcajada y dijo: “¿Que qué pienso? Es otra cultura. Me siento un bisabuelo. Hoy, un policía grande, tendría unos 40 años, me ha dicho: me hago un selfie. Y le he dicho: pero tú eres un adolescente… Sí, es otra cultura, pero la respeto”. La respeta tanto que nunca se niega a hacerse una autofoto con quien se lo solicita.

¿Y EL FUTURO?

Gustavo Entrala, responsable de la Agencia 101 (que está detrás de la cuenta de @Pontifex) adelantaba hace un año que “además de las cuentas que ya existen en Instagram, se están haciendo pruebas muy preliminares en Snapchat”. Incluso en alguna ocasión, el propio Entrala confirmaba un cierto avance para una posible presencia papal en Facebook, que todavía no se ha producido. La barca de Pedro navega, ahora más que nunca, por el ciberespacio.

Publicado en Comunicación on line, Instagram, Niños y jóvenes

Instagram nos mina la moral

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Mi hija se hace mayor. Es inevitable. Y, además de que me dé cierta penilla porque está dejando de ser una niña, empiezan a surgir ciertos miedos hacia esa etapa tan compleja, como es la adolescencia. Por ejemplo, una de las cosas que más me preocupa es cómo educarla para que aprenda a respetar y querer su cuerpo por encima de las presiones sociales. Porque, admitámoslo: con el reinado del postureo en las redes sociales, la lucha por la supuesta perfección estética se ha vuelto asfixiante.

Desde que nacemos, las niñas estamos programadas para que se nos valide nuestra belleza. Sí, no te lleves las manos a la cabeza por lo que acabas de leer. Frases tan aparentemente inocentes como “qué bonita es”, “qué pelito más bonito tiene”, “mírala, pero si parece una princesa”, que solo escuchamos las integrantes del género femenino, empiezan a generar una idea de lo que la sociedad valora de nosotras. Luego, llega la pubertad, los cambios corporales, el afán por sentirse aceptado socialmente. Y el querer compararse con otros cuerpos, los que la sociedad estima como perfectos. Y se sufre, ¡vaya que se sufre! Hace años, porque ni en nuestros mejores sueños llegábamos a ser como Claudia Schiffer o Naomi Campbel. Ahora, porque las niñas de hoy quieren estar tan divinas y perfectas como las ‘it girl’, las reinas de Instagram.

Y no las culpo. Confieso que a veces yo también las miro con algo de envidia. Esas vidas de película, esos cuerpos esculturales, ese pelazo. Porque sí, tengo casi 36 años y mi cuerpo dista mucho de acercarse a los cánones de belleza 2.0: si me siento, se me arruga la tripa; una especie de flotador aparece y desaparece en mi cintura como el Guadiana; los pantalones cortos apenas tapan mi celulitis; y he tenido que renunciar a los vestidos de punto “gracias” a mis generosas caderas. Y a veces no me importa, pero como me pille con la autoestima baja… Porque ¡claro que me gustaría ser la protagonista de esas vidas de anuncio de algunos perfiles ‘instagrameros’, tener poses tan ideales en entornos tan idílicos! Pero tengo que conformarme con el abono al filtro Clarendon para las arrugas y el Valencia para ‘selfies’ mas “apañados”. ¡Y bendigo el día que descubrí el truco del tono rojo para mejorar algo mis retratos!

Pero realmente esas fotos, esas vidas, no son tan perfectas como aparentan ser. Detrás de cada imagen hay horas de trabajo para buscar la mejor luz, el mejor encuadre, la mejor pose. Sin embargo, las chicas más jóvenes no se paran a pensar en ello y solo ven la capa de purpurina que recubre esa mentira hecha instantánea. Esa obsesión por la perfección, por la aceptación, por el hecho de gustar, porque así nos lo inocularon desde pequeñas en nuestro ADN, nos lleva a querer imitar lo que es materialmente imposible imitar.

Muchas ‘instagramers’ han denunciado esa tiranía de la imagen, y afortunadamente cada vez son más las que se abonan a mostrarse completamente al natural, sin filtros ni artificios. Algunas, incluso, nos ilustran destapando esa mentira de esas vidas ideales, mostrando los efectos de un encuadre perfecto, una iluminación adecuada para una foto perfecta. Me encantan ese tipo de publicaciones. Ya se sabe: mal de muchos… Es agradable comprobar cómo los defectos de una no son tan extraños. ¡Que todas tenemos nuestras arrugas, nuestras canas, nuestra celulitis, nuestras caderas!

Pero mientras siga esta moda de publicitar nuestra mejor pose, ávidos de las endorfinas de cada “me gusta”, queriendo decir al mundo lo que valemos según lo que refleje nuestro espejo, será complicado que las nuevas generaciones crezcan amando sus imperfecciones; será difícil reforzar su autoestima. Luchar contra la tiranía de Instagram será un reto al que nos enfrentemos los padres. Esto promete…

Publicado en Comunicación on line, Instagram, Publicidad, Redes Sociales

De Paula Echevarría a Dulceida. La publicidad con ‘influencers’ está de moda

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Desde hace algunos años, sigo con verdadero interés a una conocida bloguera española. Su canal en YouTube me parecía de lo más interesante, con trucos caseros, productos de supermercado al alcance de cualquier bolsillo. Mucha frescura, cero interés comercial. De un tiempo a esta parte, el maquillaje de Mercadona fue sustituido por Chanel, y cada foto de Instagram estaba plagada de menciones a marcas comerciales. ¿Qué ha pasado? Que ha sucumbido al nuevo marketing emocional: la publicidad basada en ‘influencers’.

Hay personas que se han formado una imagen, se han ganado la confianza de sus seguidores y han ido construyendo una comunidad a su alrededor que les permite subir un eslabón en la jerarquía de las redes sociales, pasando de ser meros usuarios a ser influenciadores o, su término en inglés ‘influencers’. Dicen, por ejemplo, que todo lo que toca Paula Echeverría se convierte en oro, que las camisetas o zapatos que luce se agotan en minutos en las tiendas: ella es un claro ejemplo de ‘influencer’ de éxito. Y las marcas lo saben.

Estos personajes, conocidos por tener miles de seguidores en sus redes sociales, se han convertido en el rostro de la publicidad 2.0. Ellos, que son referentes en sus campos (humor, cocina, maquillaje, moda), tienen el gran poder de ser capaces de influir en las opiniones de sus legiones de followers. Es cierto que siempre ha habido ‘influencers’, que son quienes protagonizaban las grandes campañas de publicidad en los medios convencionales; lo que ocurre que ahora están en el mundo digital, por lo que la publicidad quiere sacar tajada del tirón de dichos personajes. ¡Y menuda tajada! ¿Puedes hacerte una idea de cuánto se paga por un tuit de Cristiano Ronaldo, o un post en Instagram de Dulceida? Ya te adelanto que en el cheque verías bastantes ceros.

La estrategia es sencilla: la marca regala, o cede, o presta, un producto a un conocido ‘influencer’, que se convertirá en el embajador de dicha marca y recomendará sus productos a sus seguidores; a cambio, recibe bien una contraprestación económica con contrato de por medio, o bien directamente el regalo del producto anunciado. ¿Que tiene que viajar mucho a otras ciudades?, pues un hotel le proporciona gratis la estancia a cambio de que suba fotos de su habitación y comente lo agradable que es. ¿Que tiene un evento?, pues la peluquera, la maquilladora y hasta la marca del vestido le regalan sus productos y servicios. Todo por una mención, una palabra, un hashtag que a la empresa le reporta una publicidad directa, fiable, y extremadamente barata (comparada con el coste de la publicidad tradicional). Negocio redondo para ambos.

¿Cómo se explica el éxito de estas campañas? Es sencillo: con la conexión y confianza directa que se crea entre el ‘influencer’ y sus seguidores; de ahí que se denomine publicidad emocional. Según un reciente estudio de la agencia Nielsen, el 83 % de los consumidores confían plenamente en las recomendaciones de amigos y familias, y un 66 % afirma confiar en las opiniones que otros usuarios cuelgan en la Red. Si a esto añadimos la confianza que muchos seguidores otorgan a su bloguera o youtuber favorido, el éxito está garantizado.

Se trata, de alguna manera, de crear contenido comercial que no sea percibido como un mero anuncio, sino que interactúe de forma natural y directa con los potenciales consumidores. De esta manera, se evita el rechazo que muchos hemos cogido a la publicidad: los anuncios tradicionales son cada vez peor percibida por el público, lo que explica el crecimiento en los últimos años de los programas y aplicaciones “adblockers”. No se libran ni los anuncios en Facebook de cualquier empresa: funciona mejor una página bien gestionada y cuidada en esta red social, que tenga contenido de interés (con ‘engagement’), que un anuncio al uso, por muy barato que sea anunciarse allí.

El peligro es cuando estos ‘influencers’ se ven arrastrados por esa visión comercial de su presencia en las redes, y sus perfiles se vuelven meramente anuncios. En este caso, la estrategia se les podría volver en contra (de hecho, ya está pasando con algunos de ellos), pues sus seguidores podrían rechazar el exceso de contenido comercial y dejar de confiar en sus recomendaciones. El equilibrio entre contenido y publicidad es la clave para una buena estrategia, no sólo de marketing, sino de marca personal.

Así que ya lo sabes: si tienes una empresa, si quieres dar a conocer tu producto o servicio, invierte en una cara, un rostro, un nombre conocido que pueda llevarte a ser conocido de una forma directa y práctica. También, por qué no, si tu empresa es pequeña, o se mueve en un ámbito local. Investiga qué personas de tu entorno, tienen más seguidores en redes sociales, o interactúan con un gran número de personas, y mira qué reputación on line tienen; a veces, una foto en Instagram de alguien conocido de tu ciudad comiendo en tu restaurante, cortándose el pelo en tu peluquería, o alabando las excelencias de una modista, son más efectivos que cualquier anuncio en medios convencionales. Y mucho más barato. Pruébalo.