Publicado en Comunicación on line, Internet, Twitter

‘Cuñados 2.0’

Me he comprado un coche azul. Tiene cuatro ruedas y un volante, y me sirve para llegar cada día al trabajo. Cuando se lo comenté a mi buen amigo Txomin, me respondió que con el dinero que me había gastado en su compra podría haber ayudado a los más desfavorecidos. Plaf. Menos mal que le conozco y sé que lo decía por algo muy concreto. Fue entonces cuando me envió la imagen que encabeza este artículo … Sigue leyendo “‘Cuñados 2.0’”

Anuncios
Publicado en Comunicación on line, Internet, Nuevas Tecnologías

Consejos para un ‘Black Friday’ responsable y práctico

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Lo confieso. Sí, yo también he caído. No es fácil resistirse. Te ponen el cebo … y picas irremediablemente. Sí, yo también estaba esperando el ‘Black Friday’ como agua de mayo. En fin, consumista debilucha que es una. Y es que, si te puedes ahorrar unos eurillos de las compras navideñas, pues mira qué maravilla, ¿verdad? ¿O no?

Lo curioso del caso es cómo hay quien no sabe lo que es una calbotada (por poner un ejemplo de una tradición popular), pero conoce al dedillo cómo se celebra el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, lo del indulto al pavo, el pastel de arándanos, el clásico partido de fútbol americano por la televisión, y por supuesto el ‘Black Friday’ que llega después de todo ello. Las películas de Hollywood nos han inoculado estas tradiciones propias del país de las barras y estrellas. Y nada, como aquí somos muy de celebrar, y de comprar, y de gastar, pues las importamos y las hacemos nuestras. Y el ‘Black Friday’ se españoliza y se multiplica, y vemos reclamos de la ‘Black Week’, de los ‘Black Days’, del ‘Black Month’ … hasta descuentos ‘ pre Black Friday’ he visto este año. Porque ya que nos ponemos, lo hacemos a lo grande. ¿Para qué conformarnos sólo con un día de gangas?

El ‘Black Friday’ llegó a España hace tan solo seis años, en plena crisis económica, precisamente para intentar incentivar el consumo a base de descuentos masivos. Ahora ya ha entrado a formar parte de nuestro calendario, hasta el punto de que ha modificado nuestros hábitos de consumo navideño. Está previsto que más de un 70 % de españoles realice alguna compra en estos días (un 4 % más que el año pasado), y la media del gasto será de 222 euros. El gigante Amazon vendió el año pasado una media de 352 pedidos por minuto durante la jornada. Ahí es nada.

Y esta moda tiene, además, un componente digital muy potente. Debido a nuestras extensas jornadas laborales, nuestro ritmo de vida tan agitado, y las pocas ganas (cada vez menos) que tenemos de guardar colas en los establecimientos, hay una tendencia on line en alza en esta jornada. De hecho, el perfil del consumidor de esta fecha es un usuario plenamente conectado, que se informa y compra desde el ordenador o el teléfono móvil en plataformas como Amazon o Aliexpress, con el consiguiente ahorro de dinero y de tiempo.

Pero lo que podría ser una gran ayuda para quien pretenda ahorrarse dinero adelantando las compras navideñas, no deja de ser una tentación que no solo conviene analizar desde el punto de vista económico y de estrategia de ventas, sino también desde la perspectiva psicológica del marketing emocional. La publicidad en estos días nos dice que todos saldremos ganando: más compras, más baratas, más trabajo en las empresas. Sin embargo, todo consiste en una trampa en la que el consumidor es susceptible de caer en el momento en que deja a un lado valores y necesidades reales y canaliza la compra como un medio para alcanzar la felicidad: la felicidad de poseer objetos.

La intención del marketing de este tipo de campañas es crear mensajes que generen sensación de urgencia para así incitar al consumidor a hacer una compra impulsiva. Ofertas irrepetibles, sólo por un espacio corto de tiempo. Si no lo haces, te arrepentirás de ello. Y claro, al final caemos. Yo la primera, de hecho. La presión publicitaria es tan potente que puede llegar a dificultar que nos paremos a pensar en la necesidad real del producto.

Lógicamente, comprar todos vamos a tener que comprar en Navidad. Algunos más, algunos menos. A priori, no pasaría nada por adelantar un poco esas compras. Pero para evitar caer en estas trampas consumistas, conviene tener en cuenta una serie de consejos, de cara a que nuestros bolsillos no se resientan, no adelantemos la cuesta de enero a diciembre, y seamos unos consumidores más justos y plenamente responsables. Ahí van algunos de ellos:

1.- PLANIFICACIÓN.- Sí, nosotros también podemos hacer nuestra particular carta a los Reyes Magos (la ‘wishlist’ que dicen las ‘it girls’). Haz una lista con los productos que quieras comprar, así como los regalos de cada miembro de la familia. Solo aquello que realmente necesitas o tienes por seguro que vas a regalar. Deja los caprichos para otro momento, y acuérdate de que en sólo unas semanas llegarán las rebajas y también querrás comprar. No despilfarres. Ayuda mucho, también, prever un presupuesto de lo que quieres gastar. Aférrate a él: ni un euro de más de lo que has considerado oportuno.

2.- INVESTIGACIÓN.- Bucea en la Red. Identifica cuáles son esas tiendas donde podrás hacer tu compra según tus prioridades. Revisa sus perfiles sociales. Busca y compara las promociones de unos y otros para encontrar la mejor de todas. Y vigila que las tiendas no hayan subido antes los precios para después hacer el descuento, que suelen hacerlo con demasiada frecuencia. Trabajo de campo muy necesario.

3.- VERIFICACIÓN.- Cuando ya tengas claro qué quieres comprar y dónde quieres hacerlo, asegúrate de la fiabilidad del vendedor, principalmente si es on line. Porque muchas veces esos descuentos maravillosos esconden letras pequeñas no tan maravillosas. Revisa que el producto tenga el IVA, qué política de devoluciones tiene, los gastos de envío y los plazos de entrega, …

Como los Mandamientos, yo voy a resumirlos en dos: cabeza y sentido común. Es hora de comprar … y de ser responsables.

Publicado en Comunicación on line, Internet, Redes Sociales

Los #TontosDelBulo

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

En la era de la postverdad, donde lo verosímil se convierte por la vía rápida en verídico, donde dar a un botón basta para dar credibilidad a algo, crecen los altavoces de rumores y bulos sin sentido. Y WhatsApp se lleva la palma.

Por supuesto, los bulos y las leyendas urbanas existen desde antes de la sociedad de las fake news. Desde el perro de Ricky Martin hasta los cromos con droga que regalaban a las puertas del colegio. Sin embargo, las nuevas tecnologías multiplican y viralizan su efecto en cuestión de segundos. Ahora, los grupos de Whatsapp están desbancando a las redes sociales como potentes altavoces de rumores. Con solo publicar el mensaje en un grupo de familia, de amigos o de trabajo, estamos dándole una difusión tremenda con sólo un golpe de pulgar. Como además nos llegan de personas que conocemos, nos fiamos de su supuesta veracidad, sin apenas plantearnos que pueda ser falso.

Todos estos bulos tienen ciertas características comunes. Son mensajes anónimos, escritos de forma atemporal, que se repiten cada cierto tiempo, con un gancho morboso o alarmante que nos invita a compartir sin dudar; y todos, todos, respaldados en supuestas fuentes oficiales, intentado así darles más credibilidad.

Tenemos, por un lado, los bulos tremendistas, los que se acogen a la visceralidad de nuestro miedo. España en nivel 5 de alerta terrorista, la búsqueda de furgonetas blancas, los desalojos de estaciones de autobuses, secuestros de menores en un parque cercano a nuestro domicilio, las frutas infectadas con el VIH, el Dalsy contaminado, la “banda del perfume”, o los Latin Kings que rajaban la cara de quienes les hicieran una ráfaga con las luces del coche. Todos, absolutamente todos, falsos. Con el mismo denominador común: “me lo ha dicho un amigo que trabaja en la Guardia Civil”, “una fuente fiable del CNI”, “mi primo que trabaja en el SUP”. El resultado es la creación de un estado de alarma permanente, de miedo generalizado, que nos impulsa a querer avisar del peligro a los demás. Cuando, realmente, no nos damos cuenta de que el miedo lo estamos generando nosotros mismos con ese comportamiento tan compulsivo.

De estos dan buena cuenta diferentes entidades y organismos en las redes sociales. Hashtags como #StopBulos, #TontosDelBulo, #NoPiques, son frecuentes en las cuentas de Twitter de Policía y Guardia Civil. También en la archiconocida @malditobulo, que se dedica a dar incluso argumentos que rebaten este tipo de historias. Y también los perfiles de los diferentes VOST, la Asociación Nacional de Voluntarios Digitales en Emergencias, que realizan un encomiable e impagable trabajo de vigilancia en la Red.

Hay también otra variante de los bulos de WhatsApp. Si la primera tocaba nuestro miedo, esta apela a nuestra conciencia. Son los bulos solidarios, los que nos piden ayuda para un precioso fin, como pagar el tratamiento a un enfermo. ¿Quién podría negarse a ello? Esta semana me llegó el último: una foto con un lazo rosa, en la que se aseguraba que por cada diez veces que se compartiera, WhatsApp donaría 1 euro a la investigación contra el cáncer. Ni rastro de qué asociación o quién estaba detrás de esta obra de caridad. Lo que está claro es que la famosa aplicación de mensajería instantánea no lleva a cabo este tipo de acciones, pero si las llevara, se encargaría de anunciarlas a bombo y platillo. No era el caso. Rápidamente fue desmentido por la Policía. Lo más sensato, si lo que quieres es colaborar con una buena causa, es hacerlo desde las cuentas oficiales de las organizaciones pertinentes. Sin trampa ni cartón.

Tenemos también los bulos de los cupones. Mercadona, Lidl, Zara, … Todos nos regalan 500 euros por su aniversario, por ser el Día de la Madre, o qué sé yo. Estas marcas ya han explicado bastantes veces que no realizan este tipo de promociones. Promociones que, por otra parte, además de falsas son peligrosas, pues nos demandarán nuestros datos para poder entregarnos el supuesto premio. Cuidado con ellos.

Y el último bulo del que quería hablar es el bulo religioso. ¡Cuántas veces habrá sido tomada la ciudad iraquí de Qaraqosh, a tenor de las veces que nos dicen cada año que recemos por su invasión a cargo del DAESH! ¡Cuántas veces nos llama (supuestamente) el Papa Francisco a realizar una cadena mundial de oración por Siria, y además nos insisten en que dicha cadena “no debe cortarse”! Y el último, el que revolucionó a todo el mundo hace unos días, que anunciaba y pedía oraciones por el delicado estado de salud de Benedicto XVI, e incluso su muerte; “confirmada”, decían, por su propio secretario (a quien, por cierto, no le hizo nada de gracia que pusieran en su boca palabras que él no había pronunciado). El desmentido que hizo el director de la Sala Stampa de la Santa Sede, Greg Burke, sencillamente brillante: publicaba en su cuenta de Twitter una imagen de Joseph Ratzinger acompañado de dos religiosas con buena apariencia, con la fecha y hora en que había sido tomada. Faltaba el periódico del día para terminar de asimilarlo a las pruebas de vida de los secuestros. Insisto: brillante.

Ante tanto bulo de WhatsApp, ante tanta desinformación, ¿qué podemos hacer? Lo primero de todo, desconfiar. Esta semana decía un colega periodista que más del 90 % de los mensajes que nos llegan por WhatsApp son falsos. Así que estemos ojo avizor con ellos antes de darle al botón de reenviar. Lo segundo, si desconfiamos de su fiabilidad, recurrir a las fuentes oficiales. Sí, puede ser un tanto engorroso y nos lleve algo de tiempo, pero es la única manera. Y lo tercero, consultar los medios de comunicación tradicionales: si la noticia de la que nos hablan (especialmente si es relevante o afecta a nuestra seguridad) es cierta, ten por seguro que ellos la publicarán; si no lo hacen, ahí tienes la respuesta.

Otro tema que nos daría para otro debate es cuando los propios medios “se tragan” también ellos los bulos, y terminan vendiéndonos que las flatulencias de los hipopótamos cántabros mandan a turistas al hospital … Pero esto ya es, efectivamente, otro tema … más pestilente. En todos los sentidos.

Publicado en Comunicación, Comunicación on line, Internet, Política, Redes Sociales, Twitter

La “primera guerra mundial en Internet”

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

ue vivimos en una sociedad globalizada, donde cada problema local se convierte en mundial, es algo que no se le escapa a nadie. Que en este mundo hiperconectado las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental, tampoco. El conflicto catalán no es únicamente una cuestión que afecta a España: más bien es un problema que traspasa nuestras fronteras, y llega a formar parte de esa especie de segunda Guerra Fría que se vive entre Rusia y los países occidentales.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha definido este episodio de nuestra historia como la “primera guerra mundial en Internet”. Y creo que es con lo único de lo que ha dicho recientemente con lo que estoy de acuerdo. Los gerifaltes de la Generalidad han utilizado la Red para organizar la pantomima del 1-O. Mientras, ese mismo día, vimos cómo el Gobierno se afanaba por bloquear enlaces, cortar comunicaciones y censurar sitios web. La guerra de trincheras se ha trasladado al ciberespacio. Y nada, nada de lo que se publica en estos días es inocente.

La divulgación de noticias altamente exageradas sobre víctimas de las actuaciones policiales en Cataluña, así como la curiosa proliferación de informaciones que tratan de denigrar y desprestigiar al Estado español frente a la postura de quienes sencillamente se estaban saltando la ley a la torera al ir a votar y propiciar un referendum al margen de toda legalidad, ya se está valorando en la sede de la OTAN. Detrás de todas ellas, un conglomerado de webs prorrusas y perfiles sospechosos en Twitter que han jugado un papel de desestabilización social al que se orquestó durante el Brexit, a favor de Marine Le Pen o de la ultraderecha alemana.

Pero ¿por qué ese interés de Rusia en un asunto que aparentemente es “de orden interno”? Lo que subyace detrás de esta ciberestrategia es un aprovechamiento geopolítico contra Occidente. Putin entiende que apoyando a los movimientos de ultraderecha y separatistas (como es el caso de Cataluña), está debilitando a Europa, socavando su unidad. Tal y como sucediera en la década de los ochenta. La Historia está condenada a repetirse.

Y capitaneando esta ofensiva en las redes sociales, el señor Assange, aliado del Kremlin. Precisamente el fundador de Wikileaks, acusado por EEUU de espionaje y otros delitos sexuales, y que vive desde hace años sin salir de una embajada en Londres para evitar su detención, ha estado especialmente activo estas últimas semanas en la Red hablando del conflicto catalán. Él, junto a Edward Snowden (exinformante de la CIA), y, ¡oh sorpresa! el canal televisivo ruso RT (uno de los principales medios de propaganda de Moscú) encabezan la lista de tuiteros más influyentes en torno al debate sobre el referéndum catalán, según portales especializados en análisis de datos de Twitter. La web Hashtagify, un motor de búsqueda de etiquetas en Twitter, sitúa a estas tres cuentas como las más activas con la etiqueta #Catalonia. De hecho, sólo entre esas tres cuentas se ha publicado un tercio de todo el tráfico tuitero con ese hashtag.

La mayoría de estos tuits están llenos de incongruencias y falsedades, fotografías de otros conflictos, y mera propaganda política. El mensaje más retuiteado (casi 10.000 difusiones) respecto a Cataluña es de Snowden, quien compartió a finales de septiembre un artículo de Puigdemont en el que hablaba de la supuesta “violación de los derechos humanos” que vive Cataluña por “la mano dura de España”.

Estamos en la época de la postverdad, la propaganda y la manipulación con fines políticos. La tecnología y las redes sociales han ensuciado la verdad. Pero nuestra experiencia nos ha enseñado a defendernos de las mentiras, de los datos falsos. La luz del conocimiento es la que debe acabar con las tinieblas de los tejemanejes de quienes quieren dominarnos desde las redes. No caigamos en el relativismo, pero tampoco seamos crédulos. Hoy, más que nunca, urge una conciencia crítica para un buen uso de las redes sociales y de los medios de comunicación en general. Esa será nuestra mejor arma en este nuevo modelo de guerra, la que nos aguarda en el siglo XXI: la guerra mediática.

Publicado en Comunicación, Comunicación on line, Internet, Política, Redes Sociales

De la propaganda nazi a la postverdad catalana

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

En los años 30, un alemán de corta estatura, excelente demagogo y mejor orador, mostró al mundo entero cómo las mejores armas no son las que se utilizaban en la línea de fuego ni en las trincheras, sino en panfletos, periódicos, carteles, mítines, y hasta en producciones cinematográficas. Había nacido la propaganda política, y quedaba meridianamente claro que quien supiera utilizarla de forma correcta podría ganar cualquier batalla. Al menos, la ideológica.

Han pasado casi ocho décadas de aquello, pero esas técnicas que Goebbels promovió en la Alemania nazi siguen, a día de hoy, plenamente integradas en la comunicación de masas. Por eso, hechos como al que asistimos por desgracia en Cataluña el pasado 1 de octubre, nos recuerdan peligrosamente aquella maquinaria propagandística del Tercer Reich, con toda la implicación y carga emocional que esto conlleva. De los once principios que el Ministro de la Propaganda ideó como claves para llevar a cabo sus objetivos, al menos cinco de ellos han sido reproducidos fielmente en estos días, principalmente a través de las redes sociales.

PRINCIPIO DE SIMPLIFICACIÓN Y DEL ENEMIGO ÚNICO. La pretensión de Goebbels era mostrar y repetir hasta la saciedad una única idea, un único símbolo que permitiera individualizar al adversario en un único enemigo. Los nazis se esforzaron en presentar a los judíos como la fuente de los problemas económicos de Alemania. En el caso de Cataluña, los esfuerzos se centran en presentar al Estado español como causante de todos sus males históricos. He leído que España les roba, he escuchado que España se queda con sus riquezas. Mismos argumentos repetidos en entrevistas de televisión, en las escuelas e institutos. Jóvenes que lo lanzan insistentemente a través de los 140 caracteres de Twitter. Chavales que quizá no se hayan siquiera parado a pensar cómo, de qué manera se les está robando: simplemente lo dan por válido. Y se lo creen. Y se lanzan a poner en práctica el PRINCIPIO DE LA TRANSPOSICIÓN, cargando sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque.

Un argumento repetido millones de veces pretenden convertirlo así en verdad. Pero no tiene por qué serlo. Es el resultado del PRINCIPIO DE ORQUESTACIÓN, según el cual la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.

Esto entronca directamente con el PRINCIPIO DE LA TRANSFUSIÓN. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. Hoy en día hablamos de ello como la “postverdad”, la forma de crear y modelar opinión pública apelando a las emociones y a las creencias personales. Tocando más las vísceras que la cabeza. Influir a través de la imagen, más que de la palabra. La imagen poderosa, que nos emociona, nos indigna, nos entristece. Y se comparte. Sin importar de dónde viene. Sin importar su veracidad. El gatillo fácil de Twitter.

Y de ahí deriva uno de los graves peligros de las redes sociales: la falta de criterio a la hora de compartir algo sin saber si es o no cierto. Lo que Goebbels llamaba PRINCIPIO DE LA EXAGERACIÓN Y DESFIGURACIÓN. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Es el arte supremo de la propaganda, que libra de todo pecado la mentira, si con ella se consiguen los objetivos que se pretenden. De esta manera, las redes sociales se convertían el pasado domingo en un vertedero incontrolado de bulos, exageraciones y burdas mentiras, con el único propósito de victimizar a unos y culpabilizar a otros. Como las personas ensangrentadas con brechas inexistentes y un buen chorro de mercromina. Como las ancianas que se caen por las escaleras y se culpa de ello a un supuesto empujón policial. Como las fotos de revueltas y heridos que se comparten una y otra vez en Twitter, sin importar que sean de otros años, que ni siquiera fueran en Cataluña. Como la imagen trucada del grupo de la estelada que acompaña este artículo (la original no tiene bandera alguna), y que algún humorista pasado de vueltas proponía para el Pullitzer. Como la cadena de WhatsApp del niño de seis años que habían dejado en coma las porras de la Guardia Civil. Como la joven de los dedos de la mano rotos “de uno en uno”, que reconoce finalmente su trampa. Y así, suma y sigue. Esto es lo que buscaban los que han orquestado este esperpento. Poco importaba el referéndum como expresión democrática. Querían sangre y violencia, que todo el mundo viera cómo son tratados por el país del que pretender dejar de ser. Y lo han conseguido. Han ganado la batalla. Lo triste es cómo un Gobierno entero ha caído en su trampa, ha picado en su anzuelo propagandístico, y se ha dejado hacer la cama. Poco importa ya que medios como Le Monde se dediquen a deshacer una a una las falacias en las redes estos días. La idea victimista ha quedado inoculada. Y el virus ya es imparable a estas alturas. “Miente, miente, miente que algo quedará. Y cuanto más grande sea la mentira, más gente la creerá”. Joseph Goebbels, 1936.

Y termino de escribir, y releo lo escrito. Y me entristece y asusta a partes iguales.

Publicado en Comunicación on line, Facebook, Instagram, Internet, Niños y jóvenes, Twitter, WhatsApp

Niños, sexo y redes sociales

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

La ha vuelto a liar. Fiel a su estilo, el juez de menores Emilio Calatayud ha hecho correr ríos de tinta en estas últimas horas debido a sus declaraciones en una tertulia de TVE.

A propósito de los peligros de las redes sociales entre los jóvenes, el magistrado no tuvo reparos en sentenciar que “actualmente las niñas se hacen fotos como putas”. Y claro, se armó el belén.

Es cierto que la frase es, cuando menos, desafortunada, más propia de exabrupto de charla de bar. El mismo juez ha reconocido que suele utilizar estas duras palabras con el fin de intentar provocar una reacción de los padres “para que protejan a los menores de sí mismos”. Y así es. Sinceramente, yo estoy más escandalizada por la realidad que se esconde tras el contenido de su mensaje que por el lenguaje que utiliza: niños pequeños que cuelgan fotos tremendamente provocativas en las redes sociales sin darse cuenta de las consecuencias de su acción. Como explica Calatayud, “después de las fotos, pueden venir los acosos, los abusos y las violaciones. Y, de hecho, pasa con más frecuencia de la que nos imaginamos”.

Bien, no vamos a exonerar de culpa al delincuente sexual basándonos en un supuesto mal comportamiento previo de la víctima, porque estaríamos legitimando sus acciones. Nada más lejos de mi intención. Pero sí que hay algo muy cierto tras las palabras del polémico juez. Estamos asistiendo a una descarada sexualización comunicativa que envuelve la vida cotidiana. Y eso es un peligro. Cuando hasta para anunciar un quitagrasas se recurre a imágenes de un revolcón en la cocina, algo está fallando. El sexo es omnipresente. También en la red.

Muchos jóvenes (cada vez con edades más tempranas) han cogido la costumbre de hacerse fotos con miradas insinuantes, morritos picantes y poses provocativas, cargadas de contenido altamente sensual. Con toda la dosis de inocencia que se presupone a un niño, estas imágenes no buscan la excitación del interlocutor, sino algo mucho más sencillo: su aceptación social. Sin más. Con tal de ganar popularidad, el chico o la chica trata de responder a lo que cree que es deseable entre la juventud, exponiendo su cuerpo como si se tratara de un mercado de carne barata, tratando así de llamar su atención. Cuanto más sexi sea su imagen, intuyen que más engancharán a sus amigos. Todo por un ‘like’.

Al final, los adolescentes acaban mostrándose en la Red como un mero objeto sexual, porque consideran que es lo que se espera de ellos. Creen que así serán mejor aceptados, mejor valorados. Y no dudan en copiar las poses de modelos e ‘influencers’, con las que creen que podrán gustar más. Para ellos, eso es lo deseable. Inevitablemente acaban asociando atractivo con deseo y sexo, como si fueran realidades únicas e indisolubles. Y no les culpo, porque a fin de cuentas es lo que han visto desde pequeños.

Por eso, es hoy más que nunca necesaria una educación digital, no sólo de nuestros hijos, sino sobre todo de los padres. Nosotros, progenitores, deberíamos estar más alerta que nunca ante la imagen que proyectan nuestros vástagos en las redes sociales. Cuidar el uso que hacen de ella, hacerles tener el control de lo que publican, y explicarles que no hay necesidad de mostrarse tan sensual para ganar amigos, es primordial si queremos sanar una sociedad hipersexualizada. Tener hijos es la mayor responsabilidad que tendremos jamás, pero también el mayor reto de nuestra vida. Debemos estar preparados.

Publicado en Comunicación on line, Facebook, Iglesia, Instagram, Internet, Lenguaje, Nuevas Tecnologías, Twitter, Youtube

Francisco. El Papa 2.0

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Soy muy fan de este Papa. Y la razón es obvia: sabe comunicar. Si hay algo que le  caracterice es su capacidad para llegar a la gente, para hacer su mensaje fácil y accesible a todo el mundo. Tanto, que incluso los más alejados de la vida de la Iglesia suelen hacerse eco de sus discursos. Desde el mismo día de su elección, Bergoglio supo respaldar sus palabras con acciones. Es un gran y potente comunicador.

Y el Papa, que es muy sabio, sabe aprovechar como nadie las nuevas potencialidades que brindan las nuevas tecnologías. Cabalgando al ritmo de los tiempos, el Pontífice está on line, potenciando su presencia en las redes sociales hasta el punto de haberse convertido en “un auténtico fenómeno mediático”, como le ha calificado la revista Forbes. Veamos por qué.

TWITTER

Si bien es cierto que la cuenta de Twitter la heredó de su antecesor Benedicto XVI, el llamado “efecto Francisco” ha logrado batir récords. Su primer tuit hizo que @Pontifex llegara a sumar hasta 10.000 seguidores a la hora. Y, desde entonces, no ha hecho más que crecer hasta sobrepasar los 12 millones de seguidores. Tiene 9 cuentas en 9 idiomas, incluido en latín (la cuenta en español supera con creces los 13 millones y medio de followers) y sus mensajes se llegan a retuitear hasta 40.000 veces.

No en vano, nos encontramos ante el usuario de Twitter con más influencia en la red de microbloging, con más de 10.000 retuits por cada mensaje solo en su cuenta en español. Según se ha señalado en varios estudios, el Papa es el líder internacional más influyente en Twitter, por delante incluso de Donald Trump, que aunque tiene más seguidores, sus mensajes no son tan retuiteados como los del Papa Francisco.

Quienes más comparten sus mensajes son los jóvenes. Lógico, si tenemos en cuenta que son quienes más utilizan esta red social. Especialmente significativos han sido los tuits que publica el Pontífice tras aparecer una nueva Encíclica, desgranando poco a poco, en tan solo 140 caracteres, lo esencial de su mensaje. Así lo hizo, por ejemplo con “Laudato Si”, cuyos tuits fueron muy comentados incluso por tuiteros del mundo de la política.

INSTAGRAM

“Rezad por mí”. Con este simple mensaje publicado en 9 idiomas distintos, que recordaba lo que dijo en sus primeras declaraciones tras asumir el Papado en 2013, y acompañado de una foto arrodillado mientras oraba, inauguraba el Papa su cuenta de Instagram, la red social de fotos por excelencia. El día de su puesta de largo, el Prefecto de la Secretaría de las Comunicaciones de la Santa Sede, Darío Viganó, explicaba que la intención de esta nueva presencia mediática era “ayudar a contar el pontificado a través de imágenes. La intención es darle prioridad a los detalles, a esos aspectos que transmiten el mensaje de cercanía e inclusión que cada día Francisco tiene para con los demás”. En sus primeros pasos estuvo acompañado del propio fundador de la red social, Kevin Systrom, quien se mostraba gratamente sorprendido: “ver al papa Francisco publicar hoy su primera foto en Instagram fue un momento increíble. ¡Francisco, bienvenido a la comunidad de Instagram! Tu mensaje de humildad, compasión y misericordia dejará una marca duradera”.

De nuevo, el “efecto Francisco” llegó como un huracán. Sólo veinte minutos después de su lanzamiento ya contaba con 10.000 seguidores. Tras publicar la primera imagen fue capaz de sumar más de 55.000 seguidores. En menos de 12 horas consiguió un millón más. Algo que a David Beckham le costó 24 horas (por poner un ejemplo de alguien muy influyente en esto de las redes). A día de hoy llega a los cuatro millones y medio de seguidores. Entre las imágenes que publica se incluyen también simpáticos videos con familias y niños. Pero, sobre todo, muchos gestos de cercanía y misericordia del Papa. El poder de la imagen completa a la fuerza de la palabra. Un gran acierto.

YOUTUBE

Sí, el Papa también es ‘youtuber’. Bueno, no es que se ponga en su habitación de Santa Marta a grabarse con una webcam. Desde hace un tiempo, el canal “El video del Papa” muestra cada mes un video que difunde las intenciones mensuales de oración del Pontífice sobre muy diversos temas: la familia, los agricultores, los artistas, los refugiados,… Es una iniciativa que de momento está funcionando a la perfección, por su calidad, su esmero y la belleza de sus imágenes, acompañadas de la voz y presencia del propio Papa.

OTROS MEDIOS

Hay una anécdota que ilustra a la perfección la relación del Santo Padre con esta nueva presencia mediática y nuevas formas de comunicarse. A bordo de un vuelo papal, una periodista de la agencia Efe le preguntó qué pensaba de los selfies, el Papa soltó una gran carcajada y dijo: “¿Que qué pienso? Es otra cultura. Me siento un bisabuelo. Hoy, un policía grande, tendría unos 40 años, me ha dicho: me hago un selfie. Y le he dicho: pero tú eres un adolescente… Sí, es otra cultura, pero la respeto”. La respeta tanto que nunca se niega a hacerse una autofoto con quien se lo solicita.

¿Y EL FUTURO?

Gustavo Entrala, responsable de la Agencia 101 (que está detrás de la cuenta de @Pontifex) adelantaba hace un año que “además de las cuentas que ya existen en Instagram, se están haciendo pruebas muy preliminares en Snapchat”. Incluso en alguna ocasión, el propio Entrala confirmaba un cierto avance para una posible presencia papal en Facebook, que todavía no se ha producido. La barca de Pedro navega, ahora más que nunca, por el ciberespacio.