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Apostando por una necesaria alfabetización digital

Es algo más que obvio afirmar que las nuevas tecnologías se han introducido en muchas facetas de nuestras vidas. Pero es igual de cierto que, tanto individuos como organizaciones, hemos tenido que reaccionar a este hito de manera rápida y, en ocasiones, imprecisa e improvisada. Formar parte de la llamada “sociedad de la información” no implica que todos los ciudadanos cuenten con las nociones y posibilidades necesarias para utilizar las nuevas tecnologías con el fin de comunicarse de forma correcta. Por eso, hoy más que nunca, es necesario reivindicar una coherente alfabetización y/o educación digital.

El ritmo de crecimiento e innovación tecnológica es brutal, y no va a detenerse. Esto nos obliga a tomar medidas preventivas para no aumentar ya más la “brecha digital”, esto es, la distancia entre aquellos que pueden considerarse nativos digitales (Generación Z), los inmigrantes digitales (millenials), y aquellos que no están alfabetizados ni pueden hacerlo por las razones que sean.

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Publicado en Niños y jóvenes, Nuevas Tecnologías

Niños hiperconectados. ¿Niños más felices?

Nacieron entre 1996 y 2010. Muchos de ellos, hijos nuestros. Sucesores de los llamados ‘millenials’, la Generación Z (también conocida como los ‘Centennials’) viene pisando fuerte y quiere destronarnos con un único arma: han nacido con la tecnología en la mano.  Sigue leyendo “Niños hiperconectados. ¿Niños más felices?”

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Consejos para un ‘Black Friday’ responsable y práctico

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Lo confieso. Sí, yo también he caído. No es fácil resistirse. Te ponen el cebo … y picas irremediablemente. Sí, yo también estaba esperando el ‘Black Friday’ como agua de mayo. En fin, consumista debilucha que es una. Y es que, si te puedes ahorrar unos eurillos de las compras navideñas, pues mira qué maravilla, ¿verdad? ¿O no?

Lo curioso del caso es cómo hay quien no sabe lo que es una calbotada (por poner un ejemplo de una tradición popular), pero conoce al dedillo cómo se celebra el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, lo del indulto al pavo, el pastel de arándanos, el clásico partido de fútbol americano por la televisión, y por supuesto el ‘Black Friday’ que llega después de todo ello. Las películas de Hollywood nos han inoculado estas tradiciones propias del país de las barras y estrellas. Y nada, como aquí somos muy de celebrar, y de comprar, y de gastar, pues las importamos y las hacemos nuestras. Y el ‘Black Friday’ se españoliza y se multiplica, y vemos reclamos de la ‘Black Week’, de los ‘Black Days’, del ‘Black Month’ … hasta descuentos ‘ pre Black Friday’ he visto este año. Porque ya que nos ponemos, lo hacemos a lo grande. ¿Para qué conformarnos sólo con un día de gangas?

El ‘Black Friday’ llegó a España hace tan solo seis años, en plena crisis económica, precisamente para intentar incentivar el consumo a base de descuentos masivos. Ahora ya ha entrado a formar parte de nuestro calendario, hasta el punto de que ha modificado nuestros hábitos de consumo navideño. Está previsto que más de un 70 % de españoles realice alguna compra en estos días (un 4 % más que el año pasado), y la media del gasto será de 222 euros. El gigante Amazon vendió el año pasado una media de 352 pedidos por minuto durante la jornada. Ahí es nada.

Y esta moda tiene, además, un componente digital muy potente. Debido a nuestras extensas jornadas laborales, nuestro ritmo de vida tan agitado, y las pocas ganas (cada vez menos) que tenemos de guardar colas en los establecimientos, hay una tendencia on line en alza en esta jornada. De hecho, el perfil del consumidor de esta fecha es un usuario plenamente conectado, que se informa y compra desde el ordenador o el teléfono móvil en plataformas como Amazon o Aliexpress, con el consiguiente ahorro de dinero y de tiempo.

Pero lo que podría ser una gran ayuda para quien pretenda ahorrarse dinero adelantando las compras navideñas, no deja de ser una tentación que no solo conviene analizar desde el punto de vista económico y de estrategia de ventas, sino también desde la perspectiva psicológica del marketing emocional. La publicidad en estos días nos dice que todos saldremos ganando: más compras, más baratas, más trabajo en las empresas. Sin embargo, todo consiste en una trampa en la que el consumidor es susceptible de caer en el momento en que deja a un lado valores y necesidades reales y canaliza la compra como un medio para alcanzar la felicidad: la felicidad de poseer objetos.

La intención del marketing de este tipo de campañas es crear mensajes que generen sensación de urgencia para así incitar al consumidor a hacer una compra impulsiva. Ofertas irrepetibles, sólo por un espacio corto de tiempo. Si no lo haces, te arrepentirás de ello. Y claro, al final caemos. Yo la primera, de hecho. La presión publicitaria es tan potente que puede llegar a dificultar que nos paremos a pensar en la necesidad real del producto.

Lógicamente, comprar todos vamos a tener que comprar en Navidad. Algunos más, algunos menos. A priori, no pasaría nada por adelantar un poco esas compras. Pero para evitar caer en estas trampas consumistas, conviene tener en cuenta una serie de consejos, de cara a que nuestros bolsillos no se resientan, no adelantemos la cuesta de enero a diciembre, y seamos unos consumidores más justos y plenamente responsables. Ahí van algunos de ellos:

1.- PLANIFICACIÓN.- Sí, nosotros también podemos hacer nuestra particular carta a los Reyes Magos (la ‘wishlist’ que dicen las ‘it girls’). Haz una lista con los productos que quieras comprar, así como los regalos de cada miembro de la familia. Solo aquello que realmente necesitas o tienes por seguro que vas a regalar. Deja los caprichos para otro momento, y acuérdate de que en sólo unas semanas llegarán las rebajas y también querrás comprar. No despilfarres. Ayuda mucho, también, prever un presupuesto de lo que quieres gastar. Aférrate a él: ni un euro de más de lo que has considerado oportuno.

2.- INVESTIGACIÓN.- Bucea en la Red. Identifica cuáles son esas tiendas donde podrás hacer tu compra según tus prioridades. Revisa sus perfiles sociales. Busca y compara las promociones de unos y otros para encontrar la mejor de todas. Y vigila que las tiendas no hayan subido antes los precios para después hacer el descuento, que suelen hacerlo con demasiada frecuencia. Trabajo de campo muy necesario.

3.- VERIFICACIÓN.- Cuando ya tengas claro qué quieres comprar y dónde quieres hacerlo, asegúrate de la fiabilidad del vendedor, principalmente si es on line. Porque muchas veces esos descuentos maravillosos esconden letras pequeñas no tan maravillosas. Revisa que el producto tenga el IVA, qué política de devoluciones tiene, los gastos de envío y los plazos de entrega, …

Como los Mandamientos, yo voy a resumirlos en dos: cabeza y sentido común. Es hora de comprar … y de ser responsables.

Publicado en Niños y jóvenes, Nuevas Tecnologías

Cómo influyen las nuevas tecnologías en la vuelta al cole

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Llega septiembre, cargado de olores irresistiblemente atrayentes. El olor a las gomas de Milán, a las ceras Manley que manchan tanto como pintan, a cuadernos de colores, a libros nuevos. ¡Ay, los libros…! ¡Me encanta pasar sus hojas una y otra vez cuando los compro! ¿No te resulta especialmente agradable su olor?

Sí, confieso que a mí me gusta bastante esto de la vuelta al cole. Me gustaba cuando era pequeña, y ahora disfruto como madre. Esa sensación de que algo bueno va a comenzar, la vuelta a la bendita rutina tras las vacaciones, los pequeños nervios de tener todo listo, la sorpresa de saber quiénes serán los profes este año …

Lógicamente hay una parte de la que soy menos entusiasta: la económica. ¡Me río yo de la cuesta de enero! La de septiembre es más empinada que el Angliru. Según el estudio anual de la OCU, el gasto medio por cada niño supera los 400 euros. Entre material escolar, uniformes, mochilas y demás terminamos con los bolsillos tiritando. Y más si sumamos otro tipo de gastos que inevitablemente tenemos que añadir, como el transporte, el comedor o las polémicas extraescolares.

Por eso, estos días reinan en Google búsquedas tan concretas como “Vuelta al cole”, “Ahorrar en la vuelta al cole”, “Ofertas para la vuelta al cole”. Las nuevas tecnologías están al alcance de todos y gracias a ellas podemos acceder a los deseados descuentos que nos hagan más llevadera la temida avalancha de gastos. Lo curioso de todo es que ésta es una parcela en la que el comercio on line no termina de cuajar del todo. A pesar de que gigantes tecnológicos como Amazon ofrecen grandes comodidades para comprar desde reglas y calculadoras hasta libros de texto, la realidad es que tan sólo un 46% de los padres realiza las compras escolares de inicio de curso a través de Internet. Nos seguimos decantando por el comercio tradicional y las grandes superficies, aunque esto implique guardar grandes colas, tirar de reservas previas y perder mucho tiempo. Mucho.

Sim embargo, aunque todavía no sean demasiados los que deciden comprar por Internet, las cifras cambian si nos referimos a buscar información. Como te decía, ‘googleamos’ en busca  de descuentos, pero también de opiniones de otros consumidores, para saber no sólo el qué comprar, sino dónde comprar. El refuerzo de la idea del consumidor, lo llaman los expertos. En este sentido, las redes sociales (especialmente Facebook) se han convertido en un gran mercado de búsqueda de opiniones y de información. Las empresas (algunas) se han dado cuenta de ello, y están centrando ahí todos sus esfuerzos.

Pero el reinado de las nuevas tecnologías y los ‘gadgets’ tecnológicos no sólo se nota en este sentido. Cada vez son más los centros educativos que incorporan estas nuevas herramientas a sus procesos de aprendizaje habituales. Comenzaron con las pizarras digitales, pero smartphones, tablets o ebooks ya están presentes en muchas de nuestras aulas. Las denominadas como TICs (tecnologías para la información y la comunicación) son más dinámicas y versátiles que los libros de texto: de hecho, ofrecen múltiples posibilidades de que el alumno pueda interactuar con el entorno de la manera a la que está habituado. Son capaces de despertar estímulos adaptados a las formas de aprendizaje de estas nuevas generaciones de niños y jóvenes digitales, y les permiten no sólo ampliar sus conocimientos sobre un tema, sino fomentar su autonomía y creatividad. Me parece un gran acierto que los colegios apuesten por ellas como algo habitual en el proceso educativo. Ojalá algún día puedan reemplazar, al menos en parte, a los libros de texto: reduciríamos drásticamente el peso de las mochilas de nuestros hijos, pero también aliviaríamos nuestros bolsillos. Aunque servidora no pueda volver a disfrutar de ese olor a nuevo de sus páginas … Podré superarlo.

 

Internet también ofrece herramientas didácticas muy interesantes para completar el aprendizaje escolar. Los niños adoran la tecnología: les fascinan las videoconsolas, ordenadores, tablets y todo chisme con pantallas. Pues bien, canalicemos ese entusiasmo a través de la educación. Mediante el juego, muchas web nos ofrecen posibilidades de interacción para que los alumnos pongan a prueba sus conocimientos y adquieran otros nuevos de un modo entretenido. Una buena opción para cuando les mandamos hacer deberes en casa y nos contestan con un bufido. Seguro que si les ofrecemos esa misma tarea en una pantalla no obtendremos la misma respuesta.

 

Así que, manos a la obra, que esto está a punto de comenzar, y aunque tengamos ayuda tecnológica, los libros no se forran solos. ¡Feliz vuelta al cole!

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Francisco. El Papa 2.0

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Soy muy fan de este Papa. Y la razón es obvia: sabe comunicar. Si hay algo que le  caracterice es su capacidad para llegar a la gente, para hacer su mensaje fácil y accesible a todo el mundo. Tanto, que incluso los más alejados de la vida de la Iglesia suelen hacerse eco de sus discursos. Desde el mismo día de su elección, Bergoglio supo respaldar sus palabras con acciones. Es un gran y potente comunicador.

Y el Papa, que es muy sabio, sabe aprovechar como nadie las nuevas potencialidades que brindan las nuevas tecnologías. Cabalgando al ritmo de los tiempos, el Pontífice está on line, potenciando su presencia en las redes sociales hasta el punto de haberse convertido en “un auténtico fenómeno mediático”, como le ha calificado la revista Forbes. Veamos por qué.

TWITTER

Si bien es cierto que la cuenta de Twitter la heredó de su antecesor Benedicto XVI, el llamado “efecto Francisco” ha logrado batir récords. Su primer tuit hizo que @Pontifex llegara a sumar hasta 10.000 seguidores a la hora. Y, desde entonces, no ha hecho más que crecer hasta sobrepasar los 12 millones de seguidores. Tiene 9 cuentas en 9 idiomas, incluido en latín (la cuenta en español supera con creces los 13 millones y medio de followers) y sus mensajes se llegan a retuitear hasta 40.000 veces.

No en vano, nos encontramos ante el usuario de Twitter con más influencia en la red de microbloging, con más de 10.000 retuits por cada mensaje solo en su cuenta en español. Según se ha señalado en varios estudios, el Papa es el líder internacional más influyente en Twitter, por delante incluso de Donald Trump, que aunque tiene más seguidores, sus mensajes no son tan retuiteados como los del Papa Francisco.

Quienes más comparten sus mensajes son los jóvenes. Lógico, si tenemos en cuenta que son quienes más utilizan esta red social. Especialmente significativos han sido los tuits que publica el Pontífice tras aparecer una nueva Encíclica, desgranando poco a poco, en tan solo 140 caracteres, lo esencial de su mensaje. Así lo hizo, por ejemplo con “Laudato Si”, cuyos tuits fueron muy comentados incluso por tuiteros del mundo de la política.

INSTAGRAM

“Rezad por mí”. Con este simple mensaje publicado en 9 idiomas distintos, que recordaba lo que dijo en sus primeras declaraciones tras asumir el Papado en 2013, y acompañado de una foto arrodillado mientras oraba, inauguraba el Papa su cuenta de Instagram, la red social de fotos por excelencia. El día de su puesta de largo, el Prefecto de la Secretaría de las Comunicaciones de la Santa Sede, Darío Viganó, explicaba que la intención de esta nueva presencia mediática era “ayudar a contar el pontificado a través de imágenes. La intención es darle prioridad a los detalles, a esos aspectos que transmiten el mensaje de cercanía e inclusión que cada día Francisco tiene para con los demás”. En sus primeros pasos estuvo acompañado del propio fundador de la red social, Kevin Systrom, quien se mostraba gratamente sorprendido: “ver al papa Francisco publicar hoy su primera foto en Instagram fue un momento increíble. ¡Francisco, bienvenido a la comunidad de Instagram! Tu mensaje de humildad, compasión y misericordia dejará una marca duradera”.

De nuevo, el “efecto Francisco” llegó como un huracán. Sólo veinte minutos después de su lanzamiento ya contaba con 10.000 seguidores. Tras publicar la primera imagen fue capaz de sumar más de 55.000 seguidores. En menos de 12 horas consiguió un millón más. Algo que a David Beckham le costó 24 horas (por poner un ejemplo de alguien muy influyente en esto de las redes). A día de hoy llega a los cuatro millones y medio de seguidores. Entre las imágenes que publica se incluyen también simpáticos videos con familias y niños. Pero, sobre todo, muchos gestos de cercanía y misericordia del Papa. El poder de la imagen completa a la fuerza de la palabra. Un gran acierto.

YOUTUBE

Sí, el Papa también es ‘youtuber’. Bueno, no es que se ponga en su habitación de Santa Marta a grabarse con una webcam. Desde hace un tiempo, el canal “El video del Papa” muestra cada mes un video que difunde las intenciones mensuales de oración del Pontífice sobre muy diversos temas: la familia, los agricultores, los artistas, los refugiados,… Es una iniciativa que de momento está funcionando a la perfección, por su calidad, su esmero y la belleza de sus imágenes, acompañadas de la voz y presencia del propio Papa.

OTROS MEDIOS

Hay una anécdota que ilustra a la perfección la relación del Santo Padre con esta nueva presencia mediática y nuevas formas de comunicarse. A bordo de un vuelo papal, una periodista de la agencia Efe le preguntó qué pensaba de los selfies, el Papa soltó una gran carcajada y dijo: “¿Que qué pienso? Es otra cultura. Me siento un bisabuelo. Hoy, un policía grande, tendría unos 40 años, me ha dicho: me hago un selfie. Y le he dicho: pero tú eres un adolescente… Sí, es otra cultura, pero la respeto”. La respeta tanto que nunca se niega a hacerse una autofoto con quien se lo solicita.

¿Y EL FUTURO?

Gustavo Entrala, responsable de la Agencia 101 (que está detrás de la cuenta de @Pontifex) adelantaba hace un año que “además de las cuentas que ya existen en Instagram, se están haciendo pruebas muy preliminares en Snapchat”. Incluso en alguna ocasión, el propio Entrala confirmaba un cierto avance para una posible presencia papal en Facebook, que todavía no se ha producido. La barca de Pedro navega, ahora más que nunca, por el ciberespacio.

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Reivindiquemos el aburrimiento

Cuando era pequeña, el verano era sinónimo de ruptura de horarios y normas. El verano olía a calle, a cambiar la merienda por helados, a horas y horas perdidas con los amigos, a tardes de parchís, a noches al fresco jugando a la goma.

El verano eran collares de agujas de pino, paseos por la montaña o conversaciones materno – filiales a la orilla de alguna playa. Era pura libertad.

Una libertad que no conocen nuestros hijos, encarcelados tras los grilletes de los gadgets tecnológicos, subyugados a la tiranía del smartphone. Adictos al consumo de viodeoconsolas y redes sociales, incapaces de desconectar ni siquiera en verano de la esclavitud 2.0. Y terminan llenando su tiempo de ocio de pantallas, sin descubrir la diversión real que existe más allá de lo puramente virtual.

Me está pasando en mi propia casa. Con dos niñas pequeñas nativas digitales de manual. Tienen pautado un tiempo para jugar a la dichosa maquinita (un tiempo más largo que en época escolar, obviamente). Pero, ¿qué pasa cuando se termina y se apaga la pantalla? Llegan interminables momentos de no saber qué hacer, no saber a qué jugar. Y el inevitable “mamá, me aburro”. Esta expresión nos incomoda, nos hace responsables de querer solucionar su “problema” inmediatamente. Y finalmente respondemos ofreciéndoles más entretenimientos tecnológicos. Error.

Las pantallas, la tecnología, esa a la que siempre alabo por sus bondades, ha terminado por devorar su imaginación: el rasgo distintivo de todo niño ha sido neutralizado por ‘pokemons’, ‘yokais’ y similares. Están tan acostumbrados a los estímulos de las pantallas que no tienen práctica en mirar dentro de ellos mismos en busca de formas alternativas de diversión.

Y de esto, mucho me temo, que tenemos la culpa nosotros (yo la primera). Porque es mucho más cómodo darle un móvil o cualquier aparato a los críos para que estén callados y no nos molesten, mientras estamos enganchados a los nuestros propios. Sí, es cierto que nuestros hijos han nacido en un mundo con tecnología: tenemos que aceptar esa realidad, y que es perfectamente posible convivir con ella. Pero el cómo se enfrenten a esa realidad comienza por nosotros, padres, que tenemos que aprender a dar el ejemplo de cómo conectarse y de cómo desconectarse. Después de todo, somos el espejo en el que ellos se miran.

Estamos en un tiempo de recargar pilas, para desconectar del mundo y reconectar con uno mismo y con el entorno que le rodea. Enseñar a los más pequeños a saber apreciarlo es nuestro deber. Por eso, desde este humilde palco, alzo la voz para reivindicar el aburrimiento positivo en verano. Porque de tardes aburridas surgen ciudades inventadas con cajas de zapatos, joyas de orfebrería realizadas con macarrones, exquisiteces culinarias de plastilina, y barcos piratas detrás del sofá. Porque del aburrimiento nacen cuadros dignos de exposición, amistades en el parque, descubrimiento de lagartijas, o picnics improvisados. Un niño aburrido dará paso a un niño creativo, que imagina, que inventa. Los autómatas ‘empantallados’ darán paso a héroes del espacio que van a la luna sin moverse de su ciudad. Los cazadores de ‘pokemons’ serán sustituidos por exploradores de junglas urbanas. Y será entonces, solo entonces, cuando comprobarán que la diversión nunca termina porque no tiene botón de apagado.

Pero para eso, mucho me temo, queridos padres, que vamos a tener que mover el culo. Desconectemos también nosotros, y aprendamos a reconectar con ellos. Y con nuestro niño interior, ese gran olvidado detrás de una pantalla.

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

 

Publicado en Comunicación, Nuevas Tecnologías

Vuelva usted a llamar … mañana

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

¡Bendito Larra! Sólo un genio de la literatura podía profetizar la sinrazón de la burocracia. Esa que tanto nos complica la vida.

Cierto es que las irritantes situaciones que narra el genial literato en su “Vuelva usted mañana” son cada vez menos frecuentes. Pero no “gracias” a una mejora en los sistemas de las administraciones, sino a la moda impuesta de unos años a esta parte: la automatización de los servicios.

Tres cuartos de hora. ¡Tres cuartos de hora! Ese fue el tiempo que tuve que tener ayer el móvil pegado a la oreja para que mi compañía del gas me cambiara unos sencillos datos de contacto. Y al final, terminé dejando la conversación a medias porque tuve que marcharme a una reunión. ¿Por qué es tan difícil la atención al cliente con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance?

No hay hoy día gestión alguna que no tenga que pasar por la gentil voz de un contestador (nótese la ironía cargada de reproche que lleva el adjetivo). Desde un trámite con tu Declaración de la Renta, hasta la solución de incidencias con nuestra factura de la luz, pasando por la petición de cita al médico. Odio los contestadores, no puedo con ellos. Podría parecer que con los avances tecnológicos que facilitan la comunicación los trámites son más sencillos. Nada más lejos de la realidad en ocasiones. Al menos, con las llamadas telefónicas (las gestiones por Internet son otro cantar, afortunadamente).

¿Te has fijado lo complicado que es darle instrucciones a una máquina? Para empezar, hemos de ser claros y concisos, lo cual no siempre es fácil. Cuando te piden que les expliques de forma breve tu pregunta, no tienen en consideración nuestra poca capacidad de síntesis (al menos la mía, que ya sudo solo de pensar en condensar una idea en los 140 caracteres de Twitter). A ver cómo explico yo a este cacharro que tengo una factura duplicada en la que me han cobrado de más porque no me dieron de baja hace dos años cuando lo solicité vía email. Claro, así no me extraña que luego el aparatejo en cuestión me espete de golpe que no me ha entendido. Eso sí, muy educadamente y pidiendo disculpas por anticipado por su poca capacidad de escucha. Venga, va, disculpas aceptadas. Pero los problemas continúan.

Luego está el ruido ambiental. Yo te reto: haz la prueba de pedir cita para una revisión médica con tu hija de fondo cantando la banda sonora de Peppa Pig o la Patrulla Canina. Un instante épico, en el que la máquina se bloquea por completo, escucha más la voz de la enana que la tuya propia, y acaba dándote día y hora a nombre del susodicho personaje.

Y cuando ya has conseguido librarte de todas las complicaciones previas, llega el momento más apoteósico de todos: el momento musical. Por supuesto, nunca esperes que un agente te atienda al momento, ya que siempre, sea el día que sea, sea la hora que sea, todos sus agentes están ocupados. ¿Quién dijo paro? Y es entonces cuando empiezas a escuchar la musiquita institucional esa que estás hasta la coronilla de escucharla, y al final te sorprendes a ti misma canturreándola e intentando apaciguar tu mosqueo por el tiempo que llevas colgada del teléfono.

Bien, tras unos minutos de karaoke, aciertas a hablar con alguien. ¡Por fin una persona! Un ser humano al que le cuentas con pelos y señales tu problema. Y que esperas que te escuche, te consuele y te ayude. ¡Ja! El 90 por ciento de los casos suele repetir hasta la saciedad frases como “no me aparece en pantalla”, o “no me consta incidencia alguna”. Hasta las personas hablan como máquinas deshumanizadas, respondiendo sin importar el tiempo que llevas a la espera. Tiran de un manual de empresa con respuestas prefijadas. No empatizan con tu problema. No te ayudan. Fallo de comunicación.

Esta es la burocracia del siglo XXI, la que ha convertido nuestra sociedad en un diálogo de besugos poco resolutivo. Y a quienes nos quejamos de ello porque lo sufrimos a diario, en los Larras del presente. Salvando, como es lógico, las inevitables diferencias de estilo.