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¡SOS! Mi hija quiere un móvil

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Esta semana es el cumple de mi princesa mayor. 9 años ya, ¡cómo pasa el tiempo! El caso es que, cuando la preguntan qué quiere de regalo, ella ya ha dado una respuesta contundente: quiere un móvil. Algo a lo que nos hemos negado rotundamente por el momento, pero que, más tarde o más temprano, tendremos que asumir como normal.

Según un informe sobre el uso de los medios en Estados Unidos del Common Sense Media, el 38% de los menores de dos años utiliza de forma habitual los dispositivos móviles. Mi enana está acostumbrada a toquetear mi móvil o la tablet casi antes de echar su primer diente. Por tanto, no podemos negar que los menores nacen y crecen en un mundo digital. Un mundo que les envuelve, que para ellos es cotidiano, y del que no podemos aislarles como en una burbuja.

Bien, esto está claro. Pero, ¿cuándo deben tener los niños su primer smartphone? Dice el CIS que en España se tiene el primer móvil entre los 11 y los 12 años, pero un 29,7% dispone de él a los 10 años. La cuestión es si realmente están preparados para hacer un uso responsable de todas las posibilidades que le brinda tener su propio teléfono inteligente. En esto, los expertos coinciden: no es una cuestión numérica, de edad; se trata de valorar las necesidades particulares y las circunstancias personales de cada uno. Porque no todos los niños de la misma clase de 1º de ESO, por ejemplo, son igualmente responsables. Pero, en todo caso, desaconsejan regalarlo a los 9 ó 10 años, precisamente porque no han llegado a esa madurez personal (¡bien!, ya tengo argumento para reforzar mi decisión sobre el regalo de mi primogénita).

Si nuestra idea es retrasar el uso del móvil por parte de nuestros pequeños, hemos de intentar que reflexione sobre el uso real que quiere darle al aparato. Si nos dice que es “para jugar”, podemos recordarle que existen otras alternativas para el juego electrónico que no pasen necesariamente por tener un móvil. Si lo que te demanda es entrar ya en redes sociales, no está de más informarle de que la edad legal para hacerse perfiles en Twitter, Facebook o Snapchat es más elevada de lo que ellos creen.

Pero, sobre todo, debemos pensar muy bien lo que les decimos al respecto. Recuerda que los smartphone se han convertido para nosotros en algo imprescindible, y los argumentos con los que les neguemos a ellos su uso pueden volverse en nuestra contra. Debemos hacerles ver que estos aparatos no son tan importantes, que no son imprescindibles para su vida (por ahora) y la única forma de hacerlo es dejar de vivir pegados a ello. No llevarlos a todas partes, no dejar de prestar atención al niño por leer los mensajes, no ponerle a todas horas videos o juegos. Una idea podría ser establecer momentos de desconexión en casa, dejando el móvil en una habitación, y juntarse todos los miembros de la familia un ratito a jugar juntos, o simplemente a hablar.

Ahora bien, si optamos por no aislar a nuestro pequeño y sucumbimos a la corriente dominante, los padres no debemos tener miedo de esas nuevas tecnologías, sino hacer todo lo posible por asegurarnos del buen manejo de las mismas por parte de nuestros vástagos. Advertirles de los peligros potenciales que pueden tener, y acompañarles en ese nuevo aprendizaje digital: estando presente cuando ellos lo utilicen las primeras veces, restringiendo contenidos y horarios de uso. O simplemente darles acceso al dispositivo de manera paulatina, según las necesidades reales que tenga cada uno. Si bien es cierto que es una ventaja que nuestros hijos tengan móvil, por ejemplo, para estar localizados en un campamento,  es diferente que este móvil tenga conexión a Internet, porque en ese caso la función es completamente distinta, y a lo mejor no es tan necesaria. Piensa por un momento: ¿un niño de 10 años tiene una necesidad imperiosa de mandarse mensajes de WhatsApp con sus amigos?

En fin, ¿es malo que los niños quieran móvil? No lo es, ni bueno ni malo. Es fruto del ambiente y el desarrollo tecnológico en el que nos vemos envueltos. Mientras nuestra infancia transcurría entre dos canales de televisión, los primeros Amstrad, y un teléfono de ruleta fijo a la pared, nuestros hijos nacen con una Tablet bajo el brazo. Y es que el desarrollo tecnológico y el acceso a la información es altamente positivo: de lo que se trata es de enseñarles a utilizarlo de forma racional, no naufragar en los océanos de la Red. Este es el reto al que nos enfrentamos como padres.

 

Yo, por si acaso, este año me resisto al móvil. Veremos a ver cuánto dura…

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Navidad digital

(artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Cuenta la Wikipedia que hace 2016 años, una joven de nombre María recibió un Whatsapp de un tal Arcángel Gabriel. “Vas a ser madre del hijo de Dios, guiño, guiño”, le decía. La joven rápido subió el pulgar para contestar con un gran ‘me gusta’. Sin tiempo que perder, decidió informar a su pareja de este hecho tan curioso y emocionante. Abrió su cuenta de Gmail y escribió aquellas inquietantes palabras de “tenemos que hablar” a su querido José. Él, carpintero de profesión, acudió rápido a su llamada, y atendió a las explicaciones que María le había preparado con una preciosa presentación de Prezi. Pues, como todo el mundo sabe, es más sencillo explicar a tu chico que vas a quedarte embarazada del Espíritu Santo con imágenes y música.

Ambos decidieron ponerse en camino para viajar a Belén y ser censados allí antes de nacer la criatura. Tras calcular la ruta en Google Maps, quisieron compartir un borrico en Bla Bla Car, pero finalmente terminaron adquiriendo uno de segunda mano en Wallapop. José, feliz por el acontecimiento que iba a tener lugar, iba tuiteando cada momento a sus más de 100.000 seguidores, mientras María consultaba webs de maternidad durante el trayecto. Al llegar a Belén, buscaron en Trivago un alojamiento sencillo y económico, pero, dadas las fechas en las que se encontraban, la búsqueda no obtuvo resultados. Preocupado por cómo resolver este contratiempo, José explicó su situación en el foro de “No eres de Belén si no …”, y los usuarios le hablaron de un pequeño pesebre que estaba libre. No es que tuviera muchas estrellas en las valoraciones de los clientes, pero tendría que servir, pues el parto estaba cerca.

Al llegar al pesebre, en el que habitaban un buey y una mula, José comenzó una retransmisión en Periscope para compartir con sus amigos aquellos momentos de nervios y expectación. Pero tuvo que cortar pronto: el Niño acababa de nacer. Y, como todo el mundo sabe, nada mejor para comunicar un nacimiento que ponerlo en tu muro de Facebook. En menos de un minuto, José había acumulado más de un millón de ‘me gusta’ y dos millones de ‘me encanta’ de todo el mundo. Tan sólo había una cara agria en las reacciones de su publicación: la de un tal Herodes.

Como el contenido del post de José se hizo viral, a un pastor de la zona se le ocurrió la idea de crear un evento, también en Facebook, bajo el nombre “Vayamos al portal”. Tras tener la confirmación de asistencia de cientos de paisanos del lugar, una gran peregrinación de pastores llegó hasta el pesebre para conocer a ese niño que se había vuelto tan famoso en la Red. Traían consigo comida, riquísimas recetas que habían copiado a su youtuber favorita. También algunos juguetes DIY que habían elaborado ellos mismos con sencillos tutoriales.

El portalcillo se llenó de lugareños, quienes, smartphone en mano, no dudaron en hacerse miles de selfies con María, José y el Niño. Selfies que inundaron las redes sociales con el hashtag #JesúsHaNacido. Incluso se atrevieron a hacer un ‘mannequin challenge’, aunque la mula y el buey no estaban muy por la labor de quedarse quietos … María estaba asombrada de ver pasar tanta gente por el portal. Pero ya se sabe: el poder viralizador de las redes.

 

La noticia del nacimiento del Mesías prometido siguió recorriendo todo Internet. Tanto es así, que a tres Reyes del lejano Oriente les llamó la atención ese trending topic del 25 de diciembre: #JesúsHaNacido. Rápidamente, se pusieron en camino. Se pusieron las mejores galas que habían conseguido a buen precio gracias a una rebajita en Chicfy (¡claro que sí, guapi!), montaron en sus camellos y emprendieron la ruta con las indicaciones de su TomTom estrella. A medio camino, uno de ellos se dio cuenta de que presentarse así, sin más, ante el Niño, no iba a quedar muy bien. Así que pulsó su aplicación de Amazon, y enseguida encargaron tres presentes muy ‘cool’ en aquel momento: oro, incienso y mirra. El paquete, como era de esperar en estas fechas, se retrasó un poco, así que los tres monarcas no pudieron visitar al pequeño hasta una semana y media después, alrededor del 6 de enero.

Pero llegar, llegaron. Y adorarle, le adoraron. Le dejaron sus regalos e inmortalizaron en momento en su Instagram: “En Belén, con el Mesías #YaVienenLosReyes”. Y emprendieron el camino de regreso, no sin antes variar su ruta en el navegador, advertidos por Telegram de que el tal Herodes quería verlos de nuevo para un asunto turbio …

Y allí se quedaron, María, José y el Niño. Tranquilitos en el portal después de días de ajetreo propiciado por tantos avisos en las redes, tantos selfies, tantas visitas. Y fue aquí, en la tranquilidad del pesebre, donde comenzó su verdadera historia: esa que no se cuenta en la Red (¿o sí?), sino que se vive desde el corazón.

P.D. ¡Feliz Navidad, amigos lectores del blog!