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No demonicemos las redes sociales

Esta semana Daniel Pajuelo ha subido un vídeo muy interesante a su canal de YouTube. En él, habla de quienes alarman en exceso sobre los peligros de las redes sociales, calificándolas de adictivas y culpándolas de todo el cambio social reinante en los últimos años. Gente que argumenta la generación de dopamina en el cerebro como responsable de una adicción química por los likes de nuestras publicaciones. Afirmaciones apocalípticas que, como Dani, no comparto en absoluto. Sigue leyendo “No demonicemos las redes sociales”

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‘Cuñados 2.0’

Me he comprado un coche azul. Tiene cuatro ruedas y un volante, y me sirve para llegar cada día al trabajo. Cuando se lo comenté a mi buen amigo Txomin, me respondió que con el dinero que me había gastado en su compra podría haber ayudado a los más desfavorecidos. Plaf. Menos mal que le conozco y sé que lo decía por algo muy concreto. Fue entonces cuando me envió la imagen que encabeza este artículo … Sigue leyendo “‘Cuñados 2.0’”

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Crear una comunidad en redes sociales: nace @AvilaTuitera

¿Qué hacen una periodista, un vigilante de seguridad, un empresario, un cocinero, un policía, una experta en marketing y un experto en cochinillos, desayunando juntos tarta de queso con membrillo? Esto, que puede parecer el inicio de un chiste, es el germen de la mejor experiencia que he vivido últimamente en redes sociales.

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La “primera guerra mundial en Internet”

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

ue vivimos en una sociedad globalizada, donde cada problema local se convierte en mundial, es algo que no se le escapa a nadie. Que en este mundo hiperconectado las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental, tampoco. El conflicto catalán no es únicamente una cuestión que afecta a España: más bien es un problema que traspasa nuestras fronteras, y llega a formar parte de esa especie de segunda Guerra Fría que se vive entre Rusia y los países occidentales.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha definido este episodio de nuestra historia como la “primera guerra mundial en Internet”. Y creo que es con lo único de lo que ha dicho recientemente con lo que estoy de acuerdo. Los gerifaltes de la Generalidad han utilizado la Red para organizar la pantomima del 1-O. Mientras, ese mismo día, vimos cómo el Gobierno se afanaba por bloquear enlaces, cortar comunicaciones y censurar sitios web. La guerra de trincheras se ha trasladado al ciberespacio. Y nada, nada de lo que se publica en estos días es inocente.

La divulgación de noticias altamente exageradas sobre víctimas de las actuaciones policiales en Cataluña, así como la curiosa proliferación de informaciones que tratan de denigrar y desprestigiar al Estado español frente a la postura de quienes sencillamente se estaban saltando la ley a la torera al ir a votar y propiciar un referendum al margen de toda legalidad, ya se está valorando en la sede de la OTAN. Detrás de todas ellas, un conglomerado de webs prorrusas y perfiles sospechosos en Twitter que han jugado un papel de desestabilización social al que se orquestó durante el Brexit, a favor de Marine Le Pen o de la ultraderecha alemana.

Pero ¿por qué ese interés de Rusia en un asunto que aparentemente es “de orden interno”? Lo que subyace detrás de esta ciberestrategia es un aprovechamiento geopolítico contra Occidente. Putin entiende que apoyando a los movimientos de ultraderecha y separatistas (como es el caso de Cataluña), está debilitando a Europa, socavando su unidad. Tal y como sucediera en la década de los ochenta. La Historia está condenada a repetirse.

Y capitaneando esta ofensiva en las redes sociales, el señor Assange, aliado del Kremlin. Precisamente el fundador de Wikileaks, acusado por EEUU de espionaje y otros delitos sexuales, y que vive desde hace años sin salir de una embajada en Londres para evitar su detención, ha estado especialmente activo estas últimas semanas en la Red hablando del conflicto catalán. Él, junto a Edward Snowden (exinformante de la CIA), y, ¡oh sorpresa! el canal televisivo ruso RT (uno de los principales medios de propaganda de Moscú) encabezan la lista de tuiteros más influyentes en torno al debate sobre el referéndum catalán, según portales especializados en análisis de datos de Twitter. La web Hashtagify, un motor de búsqueda de etiquetas en Twitter, sitúa a estas tres cuentas como las más activas con la etiqueta #Catalonia. De hecho, sólo entre esas tres cuentas se ha publicado un tercio de todo el tráfico tuitero con ese hashtag.

La mayoría de estos tuits están llenos de incongruencias y falsedades, fotografías de otros conflictos, y mera propaganda política. El mensaje más retuiteado (casi 10.000 difusiones) respecto a Cataluña es de Snowden, quien compartió a finales de septiembre un artículo de Puigdemont en el que hablaba de la supuesta “violación de los derechos humanos” que vive Cataluña por “la mano dura de España”.

Estamos en la época de la postverdad, la propaganda y la manipulación con fines políticos. La tecnología y las redes sociales han ensuciado la verdad. Pero nuestra experiencia nos ha enseñado a defendernos de las mentiras, de los datos falsos. La luz del conocimiento es la que debe acabar con las tinieblas de los tejemanejes de quienes quieren dominarnos desde las redes. No caigamos en el relativismo, pero tampoco seamos crédulos. Hoy, más que nunca, urge una conciencia crítica para un buen uso de las redes sociales y de los medios de comunicación en general. Esa será nuestra mejor arma en este nuevo modelo de guerra, la que nos aguarda en el siglo XXI: la guerra mediática.

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Niños, sexo y redes sociales

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

La ha vuelto a liar. Fiel a su estilo, el juez de menores Emilio Calatayud ha hecho correr ríos de tinta en estas últimas horas debido a sus declaraciones en una tertulia de TVE.

A propósito de los peligros de las redes sociales entre los jóvenes, el magistrado no tuvo reparos en sentenciar que “actualmente las niñas se hacen fotos como putas”. Y claro, se armó el belén.

Es cierto que la frase es, cuando menos, desafortunada, más propia de exabrupto de charla de bar. El mismo juez ha reconocido que suele utilizar estas duras palabras con el fin de intentar provocar una reacción de los padres “para que protejan a los menores de sí mismos”. Y así es. Sinceramente, yo estoy más escandalizada por la realidad que se esconde tras el contenido de su mensaje que por el lenguaje que utiliza: niños pequeños que cuelgan fotos tremendamente provocativas en las redes sociales sin darse cuenta de las consecuencias de su acción. Como explica Calatayud, “después de las fotos, pueden venir los acosos, los abusos y las violaciones. Y, de hecho, pasa con más frecuencia de la que nos imaginamos”.

Bien, no vamos a exonerar de culpa al delincuente sexual basándonos en un supuesto mal comportamiento previo de la víctima, porque estaríamos legitimando sus acciones. Nada más lejos de mi intención. Pero sí que hay algo muy cierto tras las palabras del polémico juez. Estamos asistiendo a una descarada sexualización comunicativa que envuelve la vida cotidiana. Y eso es un peligro. Cuando hasta para anunciar un quitagrasas se recurre a imágenes de un revolcón en la cocina, algo está fallando. El sexo es omnipresente. También en la red.

Muchos jóvenes (cada vez con edades más tempranas) han cogido la costumbre de hacerse fotos con miradas insinuantes, morritos picantes y poses provocativas, cargadas de contenido altamente sensual. Con toda la dosis de inocencia que se presupone a un niño, estas imágenes no buscan la excitación del interlocutor, sino algo mucho más sencillo: su aceptación social. Sin más. Con tal de ganar popularidad, el chico o la chica trata de responder a lo que cree que es deseable entre la juventud, exponiendo su cuerpo como si se tratara de un mercado de carne barata, tratando así de llamar su atención. Cuanto más sexi sea su imagen, intuyen que más engancharán a sus amigos. Todo por un ‘like’.

Al final, los adolescentes acaban mostrándose en la Red como un mero objeto sexual, porque consideran que es lo que se espera de ellos. Creen que así serán mejor aceptados, mejor valorados. Y no dudan en copiar las poses de modelos e ‘influencers’, con las que creen que podrán gustar más. Para ellos, eso es lo deseable. Inevitablemente acaban asociando atractivo con deseo y sexo, como si fueran realidades únicas e indisolubles. Y no les culpo, porque a fin de cuentas es lo que han visto desde pequeños.

Por eso, es hoy más que nunca necesaria una educación digital, no sólo de nuestros hijos, sino sobre todo de los padres. Nosotros, progenitores, deberíamos estar más alerta que nunca ante la imagen que proyectan nuestros vástagos en las redes sociales. Cuidar el uso que hacen de ella, hacerles tener el control de lo que publican, y explicarles que no hay necesidad de mostrarse tan sensual para ganar amigos, es primordial si queremos sanar una sociedad hipersexualizada. Tener hijos es la mayor responsabilidad que tendremos jamás, pero también el mayor reto de nuestra vida. Debemos estar preparados.

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‘SEAT Ávila’: cuando nos invade la pasión por lo nuestro

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

No lo puedo evitar. Me sale el orgullo abulense por los poros, y presumo de esta ciudad cada vez que tengo ocasión. Estoy enamorada de esta tierra de cantos y santos, de ilustres personajes, de piedras y calles con historia, de vida serena y cercana. De mística y espiritualidad. De fríos que invitan al cobijo, de murallas que frenan vendavales. De paisajes, valles y sierras que inspiran. De gastronomía que satisface paladares exigentes. De ella, de mi Ávila querida.

Por eso, ilusiona que nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestra tierra pueda dar nombre a un coche. ¿Te imaginas ver el nombre de Ávila allende nuestras fronteras, en la parte de atrás de un utilitario, conducido por holandeses, franceses, griegos? Pues estamos más cerca que nunca de conseguirlo.

Esta historia, como muchas, comienza con un “y si”: ¿y si el nuevo SEAT llevase el nombre de Ávila?, ¿y si fuéramos nosotros los elegidos? Es la respuesta a una redonda estrategia comunicativa y de marketing lanzada por la empresa de automoción. Viralizando contenido en redes con el hashtag #SEATBuscaNombre, la compañía pretendía involucrar al público objetivo, a sus potenciales clientes, desde el inicio hasta el final del proyecto, logrando una conexión perfecta con la marca. ¡Y vaya si lo han conseguido!

Cuando se anunciaban los cuatro finalistas que optan a ser el nombre del nuevo “buque insignia” de SEAT, éramos muchos los que estábamos pendientes de la emisión desde Frankfurt, tirando además de las redes sociales para compartir nuestra expectación. Y tras el anuncio, el júbilo que nos llevó a compartir sin parar la buena nueva, hasta llegar a ser trending topic con el #SEATÁvila: uno de los 10 temas más comentados en toda España. La estrategia de la empresa había logrado su objetivo, que era una perfecta implicación a través de la acción en redes.

Pero una estrategia comercial ha logrado algo más: unidad. Bueno, una cierta unidad. Hacía mucho, mucho tiempo que no veía a nuestros vecinos remar juntos en la misma dirección. Ciudadanos, empresarios, e incluso políticos de distinto signo (¡quién nos lo iba a decir!): casi todos tuiteando, pidiendo el voto a través de las redes, haciendo fuerza para conseguir el mismo propósito. Sencillamente genial. Porque sí, evidentemente que la ciudad tiene (como todas) problemas que habrá que resolver; y es verdad, dar nombre a un coche no acabará con el paro o la falta de industria que muchos achacan a nuestra bella tierra. Pero no podemos caer siempre en esa burbuja de negatividad que tantas veces nos caracteriza, por desgracia. El futuro de nuestra ciudad, de nuestra provincia sólo podrá mejorar si somos capaces de mirar con esperanza, ganas e ilusión, soltando el lastre del pesimismo, siendo emprendedores que puedan mirar el vaso medio lleno. Y eso incluye también esta posibilidad que nos brinda poder bautizar un automóvil. ¿Por qué no?

Llevar el nombre de Ávila alrededor del mundo es un potente reclamo publicitario, clave para una ciudad que vive principalmente del turismo. Santa Teresa es el pasaporte universal con el que nos conocen fuera de nuestras murallas, y con el deseado‘SEAT Ávila’ tendríamos la posibilidad de completar este apasionante viaje. ¡Vamos a soñar con ello!

Posibilidades existen. Asesorados por expertos en ‘naming’, los directivos de SEAT buscan un nombre corto, fácil de pronunciar en varios idiomas, y que encaje no sólo con los valores de la compañía, sino con los del propio coche, un vehículo utilitario deportivo (SUV). Nombrar un producto enriquece todos los esfuerzos comunicativos de la marca y su propuesta de valor, dota de contenido y significado a la marca, derrocha personalidad. ¿Y qué hay nada más robusto que nuestras férreas murallas, qué hay más todoterreno que nuestras sierras y nuestros campos, qué hay más inspiradoramente bello que una ciudad patrimonio de la humanidad? Insisto: hay posibilidades, porque sonar, suena bien. Muy bien.

¡Hagámoslo posible! ¡Sigamos apostando por llevar con orgullo nuestra ciudad, el nombre de la tierra que nos vio nacer, por las carreteras de cientos de países! Ha comenzado ya la última fase de esta exitosa campaña de marketing, por la que ahora la implicación de los potenciales consumidores es más importante que nunca: se necesitan nuestros votos. Ya podemos apoyar esta candidatura votando en la web www.seat.es/buscanombre. ¿Nos animamos?

‘Seat Ávila’. A mí me gusta.

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‘El huracán Bartual’, o cómo hacer de Twitter la herramienta narrativa por excelencia

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Ni el último capítulo de Juego de Tronos ha suscitado tantas conversaciones en este final adelantado de verano. Suscita críticas y alabanzas a partes iguales. Pero de lo que nadie duda es de que ha sido un verdadero fenómeno: una novela transmedia fasciculada en tuits de 140 caracteres. Y hemos descubierto (asombrados) que la gente sí tiene ganas de leer, pero no de la manera que entendíamos hasta ahora.

El relato de las vacaciones de Manuel Bartual ha sorprendido a propios y extraños. Como en su día hiciera Orson Welles al radiar “La guerra de los mundos”, las vacaciones de Manuel han dado un vuelco a la forma de hacer y difundir la cultura popular. Mezclar realidad y ficción, implicar al espectador. Bartual ha transformado los hilos de Twitter para siempre, explotando toda su potencialidad. Más allá de la mera contextualización de noticias o argumentaciones más complejas sobre un mismo tema, ahora servirán también para construir un relato en primera persona.

Realmente este guionista y dibujante no ha inventado ningún género nuevo. Pero digamos que ha encontrado la clave para hacerlo más atractivo. Su éxito se basa en la temporalidad: la narrativa se desarrolla en tiempo real, algo que no se puede conseguir en un formato convencional como un libro. De ahí que se volviera tan sumamente adictivo y completamente viral.

Las vacaciones y los dobles de Manuel son un contenido original creado por y para Twitter. No se trata de fascicular una novela convencional tuit a tuit: es un guion hecho a la medida de la red social. Así lo ha reconocido el propio autor, justificando que tenía preparada hasta la escaleta de antemano, sabiendo en cada momento lo que quería publicar: el orden de cada suceso, las localizaciones, los giros argumentales… Y todo ello apoyado por material gráfico en forma de fotografías y vídeos perfectamente gestionados, que daban verosimilitud a su historia. Era como ver una serie según iban ocurriendo los capítulos. Y eso tiene mucho enganche.

Y vaya si lo ha tenido. Cuando empezó el relato el 21 de agosto, Manuel Bartual tenía poco más de 16.000 seguidores en su perfil de Twitter. A día de hoy superan los 400.000. El experto en métricas para el análisis de reputación de marcas personales, Francesc Pujol, ha elaborado un exhaustivo análisis del impacto que ha tenido este experimento narrativo. Y estos son los resultados más significativos:

– El relato de Bartual ha recibido más de 445.000 retuits, con una media de 1195 RT por cada tuit.

– Además, ha conseguido más de 3,5 millones de “me gusta”, con una media de 9.420 por cada tuit.

– Sus 373 tuits han tenido una mayor difusión (medida en número de retuits) que los mensajes de los más destacados líderes políticos de España. 6 veces más dfusión que los tuits de Pablo Iglesias, y 12 veces más difusión que los tuits de Mariano Rajoy.

–  Si se compara con los referentes en Twitter de los medios de comunicación españoles, la diferencia es aún mayor. La ficción de Manuel tiene un impacto entre 100 y 500 veces superior al que genera cada tuit de medios como El País o El Mundo.

¿Qué lección podemos sacar de todo esto? Estoy convencida de que el ‘huracán Bartual’ va a tener consecuencias en la forma de entender Twitter. No me refiero a que vaya a suponer una revolución literaria, ni mucho menos. Que nadie se asuste, que se seguirán publicando novelas tradicionales. Cada cosa en su lugar. Pero sí que debería servir para plantearnos cómo utilizar de forma efectiva esta herramienta on line tan potente y de la que solo manejamos una ínfima parte.

Se ha descubierto cómo llegar a nuestros potenciales clientes, anunciantes, lectores, espectadores: con interacción. Ha quedado de manifiesto que un perfil no sirve solo como agenda difusora de contenidos, teletipos mal entendidos de agencias de noticias, bots fríos y sin alma. Esto yace ya en la prehistoria de las redes sociales. Twitter es mucho más que un altavoz para dar visibilidad a algo o a alguien. Es una verdadera comunidad de seres que buscan y quieren relacionarse unos con otros en torno a un contenido que realmente suscite su interés.

Ojalá el relato de Bartual sirva para hacer una reflexión más profunda de hacia dónde queremos que nos lleven nuestras redes. Él ha dado el primer paso. Ahora nos toca al resto hacer lo mismo.