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#ÁvilaYoutuber: evangelizar a través de vídeos tiene futuro

Un día, hablando con mi colega Antonio Moreno sobre la incomprensión que a veces encontramos con nuestra presencia en redes sociales, me comentó algo que se me ha quedado grabado a fuego: “a Santa Teresa también la consideraron un poco friki en su época y recibió muchos palos. ¿Tú quieres ser santa o reconocida?”. Plaf. Se cayeron todos mis esquemas. Sigue leyendo “#ÁvilaYoutuber: evangelizar a través de vídeos tiene futuro”

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Francisco. El Papa 2.0

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

Soy muy fan de este Papa. Y la razón es obvia: sabe comunicar. Si hay algo que le  caracterice es su capacidad para llegar a la gente, para hacer su mensaje fácil y accesible a todo el mundo. Tanto, que incluso los más alejados de la vida de la Iglesia suelen hacerse eco de sus discursos. Desde el mismo día de su elección, Bergoglio supo respaldar sus palabras con acciones. Es un gran y potente comunicador.

Y el Papa, que es muy sabio, sabe aprovechar como nadie las nuevas potencialidades que brindan las nuevas tecnologías. Cabalgando al ritmo de los tiempos, el Pontífice está on line, potenciando su presencia en las redes sociales hasta el punto de haberse convertido en “un auténtico fenómeno mediático”, como le ha calificado la revista Forbes. Veamos por qué.

TWITTER

Si bien es cierto que la cuenta de Twitter la heredó de su antecesor Benedicto XVI, el llamado “efecto Francisco” ha logrado batir récords. Su primer tuit hizo que @Pontifex llegara a sumar hasta 10.000 seguidores a la hora. Y, desde entonces, no ha hecho más que crecer hasta sobrepasar los 12 millones de seguidores. Tiene 9 cuentas en 9 idiomas, incluido en latín (la cuenta en español supera con creces los 13 millones y medio de followers) y sus mensajes se llegan a retuitear hasta 40.000 veces.

No en vano, nos encontramos ante el usuario de Twitter con más influencia en la red de microbloging, con más de 10.000 retuits por cada mensaje solo en su cuenta en español. Según se ha señalado en varios estudios, el Papa es el líder internacional más influyente en Twitter, por delante incluso de Donald Trump, que aunque tiene más seguidores, sus mensajes no son tan retuiteados como los del Papa Francisco.

Quienes más comparten sus mensajes son los jóvenes. Lógico, si tenemos en cuenta que son quienes más utilizan esta red social. Especialmente significativos han sido los tuits que publica el Pontífice tras aparecer una nueva Encíclica, desgranando poco a poco, en tan solo 140 caracteres, lo esencial de su mensaje. Así lo hizo, por ejemplo con “Laudato Si”, cuyos tuits fueron muy comentados incluso por tuiteros del mundo de la política.

INSTAGRAM

“Rezad por mí”. Con este simple mensaje publicado en 9 idiomas distintos, que recordaba lo que dijo en sus primeras declaraciones tras asumir el Papado en 2013, y acompañado de una foto arrodillado mientras oraba, inauguraba el Papa su cuenta de Instagram, la red social de fotos por excelencia. El día de su puesta de largo, el Prefecto de la Secretaría de las Comunicaciones de la Santa Sede, Darío Viganó, explicaba que la intención de esta nueva presencia mediática era “ayudar a contar el pontificado a través de imágenes. La intención es darle prioridad a los detalles, a esos aspectos que transmiten el mensaje de cercanía e inclusión que cada día Francisco tiene para con los demás”. En sus primeros pasos estuvo acompañado del propio fundador de la red social, Kevin Systrom, quien se mostraba gratamente sorprendido: “ver al papa Francisco publicar hoy su primera foto en Instagram fue un momento increíble. ¡Francisco, bienvenido a la comunidad de Instagram! Tu mensaje de humildad, compasión y misericordia dejará una marca duradera”.

De nuevo, el “efecto Francisco” llegó como un huracán. Sólo veinte minutos después de su lanzamiento ya contaba con 10.000 seguidores. Tras publicar la primera imagen fue capaz de sumar más de 55.000 seguidores. En menos de 12 horas consiguió un millón más. Algo que a David Beckham le costó 24 horas (por poner un ejemplo de alguien muy influyente en esto de las redes). A día de hoy llega a los cuatro millones y medio de seguidores. Entre las imágenes que publica se incluyen también simpáticos videos con familias y niños. Pero, sobre todo, muchos gestos de cercanía y misericordia del Papa. El poder de la imagen completa a la fuerza de la palabra. Un gran acierto.

YOUTUBE

Sí, el Papa también es ‘youtuber’. Bueno, no es que se ponga en su habitación de Santa Marta a grabarse con una webcam. Desde hace un tiempo, el canal “El video del Papa” muestra cada mes un video que difunde las intenciones mensuales de oración del Pontífice sobre muy diversos temas: la familia, los agricultores, los artistas, los refugiados,… Es una iniciativa que de momento está funcionando a la perfección, por su calidad, su esmero y la belleza de sus imágenes, acompañadas de la voz y presencia del propio Papa.

OTROS MEDIOS

Hay una anécdota que ilustra a la perfección la relación del Santo Padre con esta nueva presencia mediática y nuevas formas de comunicarse. A bordo de un vuelo papal, una periodista de la agencia Efe le preguntó qué pensaba de los selfies, el Papa soltó una gran carcajada y dijo: “¿Que qué pienso? Es otra cultura. Me siento un bisabuelo. Hoy, un policía grande, tendría unos 40 años, me ha dicho: me hago un selfie. Y le he dicho: pero tú eres un adolescente… Sí, es otra cultura, pero la respeto”. La respeta tanto que nunca se niega a hacerse una autofoto con quien se lo solicita.

¿Y EL FUTURO?

Gustavo Entrala, responsable de la Agencia 101 (que está detrás de la cuenta de @Pontifex) adelantaba hace un año que “además de las cuentas que ya existen en Instagram, se están haciendo pruebas muy preliminares en Snapchat”. Incluso en alguna ocasión, el propio Entrala confirmaba un cierto avance para una posible presencia papal en Facebook, que todavía no se ha producido. La barca de Pedro navega, ahora más que nunca, por el ciberespacio.

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Cotillas, pero informados y siempre comunicados. Radiografía de los españoles en redes sociales

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Es un hecho: las redes sociales han venido para quedarse. Están presentes, y de qué manera, en nuestra actividad diaria. Y su nivel de penetración es mayor cuanto menor es la edad del usuario.

Así lo confirman cientos de estudios, como el que ha presentado recientemente el IAB Spain. En su Estudio Anual de Redes Sociales en España de 2017 muestra los hábitos de los españoles en cuanto a estos medios online.

Para los autores de este estudio, las redes sociales serían todas aquellas estructuras sociales formadas por personas o entidades, conectadas entre sí por algún tipo de relación o interés común a través de Internet. Por eso, a las clásicas Twitter y Facebook, se van añadiendo otras como Snapchat, Instagram, YouTube, o las de mensajería instantánea.

No hay dudas sobre la inclusión de las redes en la sociedad española, y este estudio se encarga de confirmarlo en cifras: el 86% de los internautas de entre 16 y 65 años hacen uso de ellas de forma habitual; esto supone que existen en nuestro país 19 millones de usuarios de redes sociales, y que la cifra sigue subiendo año tras año (un 5 % con respecto a 2016, y un crecimiento de más del 50 % desde 2009). Ah, el estudio también señala que los más “enganchados” somos los que tenemos entre 31 y 45 años. Curioso, ¿no? Seguro que habría quien pensara que esto era un campo de batalla para adolescentes y jóvenes…

Claro, que los datos varían según de qué red social hablemos, y el uso que le demos a la misma. Por ejemplo, la más utilizada es Facebook (el 91 % de usuarios tiene perfil en ella), seguida de WhatsApp (89 %), YouTube (71 %) y Twitter (50 % tan sólo, con el ruido que hace a veces). Las predicciones de futuro del estudio apuntan a que será Instagram quien reine en un plazo corto de tiempo, pues en los últimos años la frecuencia de uso de esta red social claramente fotográfica ha aumentado de forma llamativa.

Eso sí, a la que más tiempo dedicamos es al siempre presente WhatsApp, que además se convierte en la red social mejor valorada de todas. Estamos en línea en el telefonito verde una media de 5 horas y 13 minutos semanales, alrededor de casi dos horas al día. Ahí es nada. Es lógico, pues nos permite chatear con cualquiera sin gastar apenas datos de Internet en los dispositivos móviles. Pero ojo, que Spotify viene pegando con fuerza en cuanto a tiempo de uso, y cada vez pasamos más horas conectados a sus listas de reproducción.

Por sexos, también varían bastante nuestras preferencias. Mientras las mujeres preferimos Facebook, Instagram y Pinterest, los hombres se decantan por Twitter, Spotify, y Tinder (la conocida aplicación para ligar). Prefiero no comentar mucho sobre esto, no me tachen luego de lo que no soy.

La parte que más me ha gustado de todo el estudio es cuando se pregunta a los usuarios que definan cada red social con una palabra. Facebook queda catalogada como “cotilla”, Twitter como “información”, WhatsApp como “comunicación” y Pinterest como “interesante”. Y me remito a uno de mis párrafos anteriores: que más de un 90 % de nosotros ande metido en una red calificada como “cotilla”, dice mucho del país de patio de vecinas en el que vivimos.

Muy interesante también es saber cuándo nos conectamos más a las redes sociales. Un dato muy significativo para los community managers, de cara a que su contenido programado tenga el mayor impacto posible. Ese ‘prime time’ de las redes transcurre entre las 20:30 y las 00:30. Somos animales nocturnos, los españoles.

¿Y cómo accedemos los españoles a las redes sociales? Principalmente, a través del móvil. El 94% de los accesos se realizan a través de smartphones: el ordenador ha sido desbancado. Y cuidado con las tablets, que algunos las daban ya por muertas: seguimos utilizándolas para estos menesteres en un 55 %, cuando el año pasado apenas llegaba al 28 %.

Así somos, y así nos movemos por las redes sociales en España. ¿Y tú? ¿Te ves reflejado en estos datos?

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Supervisar no es espiar. Sobre la vigilancia de nuestros hijos en Internet

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

La pasada semana estuve en una clase con chicos de 12 años, hablando de podcast como una nueva forma de comunicar acorde a los hábitos de consumo de medios que existen actualmente. En un momento determinado, y para lograr conectar con ellos, aludí a uno de sus youtubers favoritos para explicar la importancia de las sintonías y las presentaciones. Me repitieron a coro, los veintipico, el saludo de Auronplay (querido @smdani: tú tienes la culpa de me haya enganchado a su canal). Sin embargo, y esto es lo más llamativo del tema, los profesores que les acompañaban se quedaron descolocados, sin saber de qué les estaba hablando.

Esto me ha hecho pensar, ya no tanto en los educadores (que podemos dejarlo para otro día), sino, yendo más allá, en el papel de los padres a la hora de conocer de primera mano qué contenidos ven sus hijos en Internet. Porque sí, es necesario estar pendientes para lograr empatizar con ellos, estar en su misma sintonía. Si tú, padre, no sabes quién es El Rubius, o qué es eso del Clash Royale, lo siento: no podrás mantener una conversación con tu hijo mínimamente interesante. Es lo que hay. YouTube, por ejemplo, ofrece un nuevo lenguaje, nuevas formas de compartir lo de siempre y un nuevo espacio en el que pasar tiempo libre. Mucho tiempo libre. Por eso, es necesario conocer y compartir las aficiones de nuestros hijos para entender su mundo.

 

Conocer, compartir, dialogar, formar, … ¿y censurar? Soy consciente de que, en plena era de la información, una de las grandes preocupaciones que tenemos los padres es cómo podemos controlar ese contenido, así como el uso que le dan nuestros hijos a sus redes sociales. Emilio Calatayud, juez de menores, asegura que, igual que nuestros padres rebuscaban en nuestros cajones, ahora somos nosotros quienes debemos rebuscar en el móvil de nuestros vástagos. Pese a que me suelo identificar mucho con sus opiniones, siento tener que decir que esta vez no estoy de acuerdo. Y ojo, que ni soy psicóloga, ni nada por el estilo: lo que explico a partir de ahora lo hago desde mi percepción personal y desde lo que a mí, como madre, me parece lo más apropiado para mis hijas (espero no equivocarme en un futuro).

Ser padre en la era del smartphone, en la que cada dos minutos sale una nueva aplicación social, hace que la vigilancia constante sea prácticamente imposible. ‘Ciberbullying’, ‘sexting’, ‘grooming’, son peligros derivados del mal uso de las nuevas tecnologías que nos preocupan a todos. El problema está en delimitar dónde termina el derecho a la intimidad de los hijos y dónde empieza nuestra responsabilidad como padres. Derivada de esta extrema preocupación, han surgido controles parentales que nos permiten bloquear ciertos contenidos que consideramos no apropiados; incluso, existen aplicaciones para espiar las conversaciones on line de nuestros pequeños descendientes. Haz la prueba: busca en Google “padres controlan a sus hijos en Internet” y verás que lo que más se demanda es “app para localizar el móvil de los hijos”, “controlar un móvil desde otro”, o “cómo controlar el WhatsApp de mi hijo gratis”. Alucinante. ¿Realmente esta es nuestra función como padres: espiar antes que confiar?

Curiosear a hurtadillas lo que hace nuestro hijo no va a evitarle todos los males de la adolescencia. Más bien, creo que lleva a una sobreprotección que puede frenar su madurez personal. No se trata de mirar su móvil, de controlar todos sus pasos: la clave (creo yo) reside en la formación previa y el acompañamiento. Si directamente optas por el control absoluto, algo falla. Cuando pones un programa de GPS a tu hijo estás vulnerando directamente su esfera más íntima. Piensa por un momento en qué valores le estás inculcando cuanto tú como padre le espías en su vida privada.

Antes de todo esto, habla con tu hijo. Explícale qué es Internet, qué peligros conlleva, y cómo debe actuar en la Red. Acompáñale en sus primeros pasos. Recuérdale que no comparta excesivos datos personales. Insístele en que una inocente foto, en el momento en el que salga de su móvil, ya ha perdido todo control sobre ella. Comparte con él sus inquietudes y aficiones: entra en su mundo. Vigila y permanece alerta, pero no espíes. Y, cuando sea el momento, marca unos límites de uso, pero siempre desde el respeto. Quid pro quo: la confianza que tú muestres en él será la confianza que él demuestre en ti.

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¿Videojuegos para enseñar Religión? ¿Por qué no?

artículo publicado en Tribuna de Ávila) 

Le conocí por casualidad hace un par de años. Virtualmente hablando. Me encontré en Twitter con aquel a quien llamaban “el cura rapero” por pura curiosidad. Poco a poco descubrí que, además de transmitir la fe a través del rap, tenía un especial interés en la evangelización digital y en la innovación educativa. Detrás de @smdani se encuentra Daniel Pajuelo, sacerdote marianista. Ingeniero informático para más señas. Y, a mi juicio, el creador de una de las propuestas más rompedoras que he podido escuchar en años: introducir Minecraft en clase de Religión.

Para neófitos en la materia: ‘Minecraft’ es un videojuego que arrasa sobre todo entre niños de 8 a 12 años. Se trata de un mundo virtual, con sus propias reglas, en el que el objetivo último es construir, edificar, crear. Un juego que, en definitiva, permite promover la creatividad de estos niños, que en esas edades está más a flor de piel que nunca.

Daniel constató lo complicado que es hoy en día que los jóvenes te escuchen, que conecten, que te sigan. En su afán por fomentar esa indispensable relación entre el maestro y el alumno, investigó qué podría interesar a los jóvenes de hoy en día para conseguir captar su atención. Así constató la locura que existía con este juego. En verano de 2015, su sobrino de seis años le enseñó a jugar y le descubrió todo un mundo de posibilidades. Fue entonces cuando, como  si de un dibujo animado se tratara, a Daniel se le encendió una bombilla cargada de ideas, pues se dio cuenta de la capacidad del juego para llamar la atención, para canalizar su creatividad, y para crear todo un mundo a partir de la subjetividad del propio niño.

Con gran ilusión se puso a trabajar con una programación que permitiera adaptar parte del contenido del videojuego al currículo de Religión de 1º de ESO. … y surgió el bombazo. Imagino la cara del director de su colegio cuando le hizo esta propuesta …

Porque, a priori, ¿qué tiene que ver ‘Minecraft’ con la clase de Religión? Algunos pueden pensar que un videojuego, más que enseñar, lo que hace es entretener y distraer. Por eso el planteamiento debe ser otro: crear un proyecto con varias áreas, y una de ellas es la construcción de un templo católico. Así de simple, así de llamativo. De esta forma, los alumnos conocen los elementos que existen en las iglesias y ermitas, saben su significado y por qué están ahí. “Y es importante porque, a través del conocimiento, podemos dar un salto al respeto hacia la cultura cristiana y comprender su impacto en la sociedad”, cuenta Daniel.

El proyecto comienza con la explicación teórica en clase, seguida de una excursión a una iglesia, donde los alumnos deben entrevistarse con el párroco para tomar sus propios apuntes sobre aquellos elementos que ven en persona. Después plasman en papel un boceto de la que será su construcción … ¡y comienza el juego! Por parejas construyen el templo, y al final graban un ‘gameplay’: un pequeño video en el que ellos mismos explican en Youtube cómo juegan y cómo han desarrollado su proyecto. Implica también, por tanto, un desarrollo de las competencias lingüísticas y comunicativas del alumno. Todo un acierto.

Y toda una revolución. La propuesta de Daniel causó tanta expectación, que hasta Microsoft ha llegado a interesarse por el proyecto. De hecho, el CEO mundial de la compañía visitó el colegio en Madrid el pasado año, lo cual supuso todo un acontecimiento para la comunidad educativa del centro y un espaldarazo a la revolucionaria idea de Daniel. “Quedó muy impactado, y nos habló la de importancia de la educación que busca innovar para cambiar el mundo. Incluso comentó entre sus empleados que había tenido una nueva visión de Microsoft, no sólo como una empresa que genera útiles para la sociedad actual, sino que es capaz de conciliar lo más tradicional con lo más moderno”. Es la conclusión a la que llegó uno de los peces gordos mundiales de la tecnología al ver este proyecto en la clase de Religión de un colegio de Madrid, en una asignatura que muchas veces se infravalora, pero que tiene tantas posibilidades como queramos otorgarle.

Y de la clase de Religión … a Colombia. Porque Daniel ha participado en un hermanamiento pedagógico entre su colegio y un orfanato de niños discapacitados en Bogotá, a través del videojuego ‘Minecraft’. Chicos que están postrados en cama, muchos con parálisis importantes. Han adaptado las máquinas para que pudieran acceder al juego: juegan a ‘Minecraft’ con los pies o con sensores que detectan el movimiento de los ojos. “Los que tienen discapacidades mentales les ayuda a tener habilidades cognitivas y los que están en riesgo de exclusión social mejoran sus conocimiento del mundo digital”. Al final, lo que consiguen es que tengan contacto con otros chicos, tener relaciones sociales a través del propio ‘Minecraft’. Un proyecto que ya es una realidad desde el pasado verano, y que se ha bautizado como “Ciudad esperanza”.

Y esto es, simple y llanamente, innovar. Abrir las puertas a todas las posibilidades que ofrece la tecnología. También en la clase de Religión, por supuesto. Porque la tradición jamás estará reñida con la modernidad. El mensaje sigue siendo el mismo, pero se trata de adaptarse a los tiempos, de conectar, de enganchar, de ser capaces de interesar. Y Daniel, @smdani, lo ha conseguido.

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Los youtubers, conquistadores on line

(artículo publicado en Tribuna de Ávila)

De nuevo, un español se cuela en una de las listas publicadas por la prestigiosa revista ‘Time’. Y no, no se trata de Amancio Ortega como uno de los hombres más ricos del mundo. Hablo de El Rubius, un joven de 26 años, considerado esta semana por la publicación estadounidense como uno de los líderes de la nueva generación. “El conquistador online”, le llaman. ¿No sabes quién es? Entonces quizá deberíamos empezar hablando del universo de los youtubers y su influencia en la comunicación actual de los jóvenes.

YouTube, la plataforma de vídeos más utilizada del mundo, con 1.000 millones de usuarios únicos cada mes, se ha convertido en el espejo de la realidad de los millennials, al propiciar un importante cambio en la forma de consumir contenidos audiovisuales. Los jóvenes han apagado la televisión para encender ordenadores, smartphones y tablets, donde encuentran el contenido de entretenimiento que buscan a la carta. Es ahí precisamente donde encajan los youtubers: aquellos usuarios que cuelgan una serie de vídeos de una temática concreta; si su canal tiene un contenido bueno y atractivo para el usuario, éste puede suscribirse, como quien lo hace para su periódico favorito, y recibir alertas cada vez que un nuevo vídeo se ha subido. Un curioso sistema que ha propiciado que gente anónima con talento y, sobre todo, mucho tiempo libre se catapultase directa a la fama, convirtiéndose en referentes para un público determinado.

Yo misma sucumbí ante el fenómeno youtuber hace unos 6 años. Me enganché al canal de Isasaweis, una de las vlogueras (término acuñado para definir a quienes tienen un blog con vídeo) más influyentes de nuestro país. Sus trucos de belleza sencillos, tutoriales sobre cómo maquillarte, remedios caseros que todos podemos realizar… empezaron a despertar mi curiosidad. Pero fueron sus recetas de cocina las que terminaron por conquistarme. Confieso que más de una vez me han salvado de algún apuro en cenas familiares (el bizcocho de nata y nueces fue todo un descubrimiento). Y es que Isabel Llano nos cuenta cómo cocina al igual que podría explicárnoslo nuestra propia madre: paso a paso, con claridad de ideas y sencillez narrativa. Desterrados quedan, pues, los libros de recetas: ¡bienvenida sea la tablet en mi cocina!

Sin embargo, hay una parte de este universo que no termina de convencerme. Entiendo que esto es así por la diferencia generacional. Al igual que mis padres alucinaron cuando a mis 15 años me emocionaba por conseguir el mayor número de autógrafos de ciclistas durante la Vuelta a España (siempre he sido muy mitómana con el deporte, qué le vamos a hacer), a mí me pilla un poco mayor comprender la idolatría de los adolescentes por youtubers como El Rubius, Vegetta, o AuronPlay. Tampoco les cojo el punto a modas como el unboxing (vídeos donde elyoutuber abre delante de su audiencia un pedido que le acaba de llegar). Pero su éxito está ahí, lo que indica que la diferencia histórica entre personalidad joven y adulta tan sólo se ha adaptado a las nuevas formas de comunicación. Las (aparentes) bobadas que escuchamos a los youtubersen sus videos no son muy distintas a las que se podrían escuchar en cualquier grupo de amigos; simplemente a los adultos nos ha cogido un tanto por sorpresa la fuerza que ha adquirido este medio y las nuevas formas comunicativas que aporta. Estamos, por tanto, ante un fenómeno sociológico importante que es necesario estudiar en profundidad, ya que hablamos de cómo se están generando nuevos líderes de opinión a través de un canal de vídeo.

Veamos el caso con el que abría este artículo. ‘Time’ presenta a El Rubius como “una de las personas más famosas de las que nunca has oído hablar”. No en vano, es el octavo usuario de Youtube a nivel mundial, con casi 21 millones de suscriptores en su canal, superando a las cantantes Beyoncé y Lady Gaga juntas. Todos los días, cuatro millones de personas ven alguno de sus casi 600 vídeos, grabados en su mayoría desde su propio dormitorio o desde el salón de su casa. Vídeos, todos ellos, con un contenido totalmente banal, pero adictivo. Desde retos absurdos e hilarantes, hasta pruebas de videojuegos: todo tiene cabida en el universo de Rubén, idolatrado por cientos de miles de fans hasta el punto de la locura y la persecución en algunos casos. ¿Dónde radica su triunfo? Él mismo daba la clave en una de las pocas entrevistas que ha concedido: “la gente siente que soy su amigo. Lo que funciona es ser tú mismo. Es la diferencia entre YouTube y la televisión”. Ahí está la cuestión fundamental de todo youtuber: la cercanía, la empatía, el ver que quien te habla es alguien como tú, de tu misma edad, de tus mismos gustos. Estamos asistiendo a una democratización de la cultura, y nos guste o no, es el reflejo de nuestra sociedad. Hasta no hace mucho, la televisión tenía el monopolio a la hora de crear una estrella mediática. Las redes sociales y la proliferación de dispositivos móviles se han encargado de derribar esta barrera, y son los propios adolescentes quienes crean y descubren a sus ídolos directamente.

El youtuber, además, se ha convertido en un modo de vida para algunos de ellos. Traspasando las fronteras de la plataforma audivisual donde se han dado a conocer, los más influyentes han realizado numerosas incursiones en medios clásicos: protagonizando anuncios, vendiendo libros, o teniendo su propio merchandising. Es el caso, por ejemplo, de mi vloguera de cabecera: Isasaweis ha conseguido en estos años sacar a la venta tres libros de recetas y cuidados de belleza, ha presentado su propio programa en Antena 3, ha hecho incursiones en Canal Cocina, tiene su propia columna en el periódico ‘20 minutos’, y es invitada por casi todas las marcas a sus eventos promocionales; su presencia es la guinda de todas las tartas, porque la cercanía con sus seguidores asegura una difusión mucho más efectiva y beneficiosa para cualquier compañía que una gran campaña de publicidad. YouTube está creando nuevas estrellas, aunque no sabemos cuánto tiempo brillarán: los ídolos (catódicos o youtuberos) suelen tener fecha de caducidad. Mientras tanto, parafraseando la mítica canción de los 70, “YouTube killed the television star”.